El regreso con Enzo no fue el final de la pesadilla, sino apenas el principio de una guerra aún más profunda. La mansión Moretti volvió a llenarse de guardias, puertas reforzadas y códigos secretos. Cada rincón se sentía como una trampa, como si la oscuridad no se hubiera ido… sino que se hubiera hecho más inteligente. Alessia no podía dormir. No desde que su hijo había vuelto a sus brazos. No desde que se dio cuenta de que el mundo entero deseaba arrebatárselo. Enzo dormía en la habitación contigua. Había aceptado a su madre con una naturalidad que la dejó muda. Como si siempre la hubiera esperado. Como si en sus sueños ya supiera su nombre, su olor, su alma. —Él no está bien —dijo Dante en voz baja mientras miraban desde el umbral la figura dormida del niño. —Lo sé —respondió Alessia

