CAPÍTULO: LA SEMILLA DE LA TORMENTA Siete años después. El sol de la Toscana caía con una intensidad dorada sobre los viñedos de la Tenuta Bernard, una fortaleza de piedra antigua y tecnología de vanguardia que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. El mundo creía que éramos fantasmas, una leyenda urbana sobre una pareja de poder que se desvaneció tras la caída de los Vanchise. Pero en las sombras, el imperio Bernard no solo se había recuperado; se había vuelto invisible, y por tanto, invencible. —Baja el centro de gravedad, Dante —la voz de Máximo resonó en el patio de entrenamiento, una estructura de mármol oculta tras los jardines de limoneros. Dante, nuestro hijo de siete años, sostenía una vara de madera con una concentración que me recordaba dolorosamente a la de su padre en

