6 En el Camino hacia Vista al Mar Carolyn insistió en conducir durante el resto del camino antes de detenernos para pasar la noche. Dijo que estaba preocupada por lo pálida que me veía y que no le molestaba conducir. —Espero que no estés enfermando, Sarah, —dijo cuando regresamos al auto, y le entregué las llaves. —Estoy bien, de verdad. Puedo conducir si estás cansada. —No estaba muy segura de mis palabras. Aunque las náuseas habían cedido, todavía me sentía impactada por el extraño mensaje que había recibido en mi teléfono. Estaba apagado dentro de mi bolso. Ni siquiera me iba a molestar en conectarlo al cargador. Hicimos buen tiempo con Carolyn al volante, aunque ajustó la velocidad en consideración a mi estómago y para evitar una multa o un accidente. —En realidad no me mole

