Ya cansado, derrotado, con una impotencia demoledora de no hallarla en ninguno de sus sueños, decide buscarla en la realidad de este mundo. Para ese entonces Rigoberto estaba como loco, actuaba extraño. Inició su travesía por los lugares más diversos. En una plaza, en un parque, en todos lados y no encontraba a la mujer de sus sueños. Miraba en cada mujer el rostro de ella. Las personas que caminaban a su lado pensaban que se trataba de uno de esos pobres locos o mendigos que abundan en esta sociedad actual. Muchos sentían lástima por él, otros, repugnancia. La noche lo tomó de sorpresa sentado en una plaza. Sentía mucho frío. Se dirigió a la habitación, debería pensar que hacer. Pensó en el suicidio para lo cual, tomo un trozo de soga y lo colocó en la misma viga donde había
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