33. Nunca más Teté El gran día al fin había llegado, y Teté no logró dormir ni un instante. La ansiedad la había mantenido despierta toda la noche, aunque Mark también contribuía a su insomnio de una manera que solo de recordarlo, la hacía suspirar y sonrojarse. —¿Qué pasa por esa bella cabecita? —le preguntó Mark mientras ambos estaban sentados en el sofá, compartiendo una caja de galletas. La sonrisa cálida en su rostro contrastaba con el ceño preocupado de Teté. Ella no quiso responder al principio. Había evitado pesarse los últimos días, pero estaba convencida de que había ganado al menos diez kilos. Se llevó una galleta a la boca, masticó despacio y, tras un suspiro, dejó salir lo que llevaba dentro. —Estoy gorda. Rita me quiere mandar a San Diego como si fuera un elefante. Mar

