—Sí. Ese —dice, esbozando una sonrisa insegura. Me quedo atónita, casi sin palabras, preguntándome cómo y cuándo demonios pasó esto—. ¡Mamá! ¡El hombre acaba de perder a su esposa! —gimo. Presiento que si antes las cosas me iban mal en el colegio, ahora van a empeorar cuando la gente se entere. Es decir, su esposa fue enterrada hace unas dos semanas—. No sé. Simplemente nos enamoramos y los dos queremos casarnos —dice—. ¿Cuándo pasó esto? —pregunto—. Hace poco —dice, algo inquieto—. ¿Y quiere que se casen ya? —pregunto—. Dijo que después de la muerte de su esposa, se dio cuenta de que la vida es corta, así que ¿para qué esperar? —responde, riendo nerviosamente—. ¿Hay alguna manera de hacerte cambiar de opinión? —pregunto, sabiendo ya que no puedo hacer nada—. Porque creo que la gente nos v

