—Piérdete —ruge como nunca lo había visto de molesto a sea quien sea la persona que está en la misma habitación de él—. Y cierra la puta puerta. —Sigue mami —demanda él. —Las órdenes me las paso por el medio de mi sexo —comento algo molesta. No es mentira cuando dijo que él me conoce. No sé si soy algo transparente ante sus ojos que él puede ver lo que ocurre con todo mi cuerpo, no sé. —Por ahí quiero que pases tu mano —dice pero no lo hago. Estoy hecha un lío. Ya se me pasaron hasta las ganas. ¡Qué sucede Andrea! —Llevo tres putos días sin follar, esperando que te conectes, volviéndome loco aquí las ganas de ir a San Francisco y cogerte hasta que ya no nos preocupemos por otra cosa que no sea gemir. —¿Tres putos días sin follar? ¿no? —inquiero irónica—. Enzo deja la psicología bara

