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1432 Palabras

39 Me he puesto un vaquero de cuero, con botines y camiseta básica. Me aferro a las caderas de italiano, Izan maneja a toda velocidad, las luces de los semáforos que hemos pasado me ponen alerta; pero él grita que todo estará bien y que solo viva esta noche, una que será para los dos. Llegamos aún tramo abandonado en Greentown, escucho música a todo volumen, hay personas bebiendo, drogándose y pasándola bien. Veo a lo lejos a Hugo que sostiene en sus piernas a la zorra de Alene, apenas la mujer me ve, me saca el dedo del medio y le devuelvo el gesto. —Hugo se ha burlado de Misa—le susurro a Izan en el oído. —¿Le ves el morado que tiene en el pómulo izquierdo? —asiento.—Se lo he hecho yo cuando me enteré. Nadie puede jugar con alguien de tu familia de esa manera; quiero a Artemisa

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