David Todo el cansancio cayó sobre mi espalda cuando bajé del helicóptero, de regreso en Portland, no pude pegar un ojo en el Jeep hasta Anchorage, ni en el avión hasta Seattle, pensando. Suspiré al subir al Mercedes, ni siquiera tuve el ánimo para sonreírle a Liam y es que aún no estaba seguro de si lo perdonaría. —Pasemos por un café —le susurré, hundiéndome en el asiento. — ¿Luego? ¿Luego? Tenía mil ideas en la cabeza, ver a Cami era la más constante, pero había algo más importante en este momento. —A casa y después al hospital. — ¿No vas a dormir? —pude suponer cómo enarcaba una ceja en el espejo retrovisor, pero en realidad, no podía ni abrir los ojos. —Eso no es de tu incumbencia —murmuré. La ducha fue larga y relajante, sentado en la bañera, dejando que el agua cayera por

