Lysander parpadeó, como si acabara de darse cuenta de lo que estaba haciendo. Retiró la mano de su pecho con rapidez y, en cuestión de segundos, la calidez momentánea que había mostrado desapareció por completo. Su expresión se endureció, su sonrisa se esfumó y sus ojos volvieron a ser dos pozos de hielo impenetrables. —Deja de ser tan exagerada —dijo con su habitual tono indiferente—. Es solo un desfile sencillo, no es la gran cosa. Mina lo miró con escepticismo, pero antes de que pudiera responder, él continuó: —Quiero que lleves ese vestido a la caja fuerte para que sea guardado adecuadamente. —¿La caja fuerte? —repitió ella, arqueando una ceja—. ¿Esto es una broma o qué carajos? —No es ninguna broma —replicó Lysander con firmeza—. Vamos, muévete. Mina chasqueó la lengua, pero no

