—En tus manos dejo a mi hija —dijo su padre, su voz cargada de emoción—, y espero que la hagas feliz. Richi asintió solemnemente ante la advertencia apenas velada. Luego, ambos se giraron hacia el juez, quien comenzó la ceremonia. El corazón de Ariana latía con fuerza mientras el juez hablaba sobre el amor, el compromiso y la vida en pareja. Apenas escuchaba las palabras, demasiado consciente de la presencia de Richi a su lado, de la tensión que emanaba de él. Finalmente, llegó el momento del "acepto". El juez se dirigió primero a Richi: —Richard Cevallos, ¿aceptas a Ariana como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe? Hubo un momento de silencio, un instante que pareció extenderse por

