—Es sencillo —dijo él—. Pero si necesitas ayuda, estaré en el amplio jardín. —De acuerdo, gracias —le sonrió, y el señor se giró para retirarse, pero Nora lo detuvo —. Ah, olvidé decirle que el señor Jeremiah no se siente bien. —¿Qué le ocurre? —preguntó Esteban. —No estoy segura, ha mencionado que era migraña pero creo que podría tratarse de algo más serio —murmuró preocupada. Nunca antes lo había visto tan agotado. —Tranquila, lo más probable es que sea un simple resfriado. Escuché que anoche estuvo un buen rato en la alberca. Aun así, me aseguraré de llevarle medicamentos —ella asintió. Nora suspiró al quedar sola en la cocina, se había sentido un poco mal al ver a Jeremiah en ese estado, pero le aliviaba saber que la razón de su repentino resfriado. Antes de ponerse manos a la ob

