Capítulo 29

1543 Palabras

Ingresó, como siempre lo hacía, sin aguardar a nadie ni nada. Ella no podía perder el tiempo. — Señor Úbeda — saludó la anciana al caballero que estaba completamente concentrado en el estudio de aquellos papeles que reposaban sobre su escritorio. — Señora Rodríguez — exclamó sorprendido porque nadie la había anunciado y, sobre todo, porque era la progenitora de su enemigo. — Un gusto poder verlo personalmente — dijo la señora sentándose, sin ser invitada, en ese amplio sillón —. Vengo por un asunto que nos involucra a ambos — escupió sin rodeos. — ¿Y cuál es tal asunto? — preguntó con prudencia. Era bien conocido el desprecio de esa señora por su nuera. — ¿Usted sabe que soy muy íntima con el Gobernador, no solo de Mendoza, sino también el de Buenos Aires? — Sí. Y todos conocemos su

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