32 Para cuando Sydney despertó, Nan y Bea ya habían desayunado. Bea había dejado un plato con tocino y huevos revueltos en el refrigerador para ella junto con una taza de fruta. Calentó el plato en el microondas y sirvió café de uno de los termos. Se sentó a comer en la isla, escuchó a Nan entrar por las puertas Francesas desde el patio. Elizabeth entró a la cocina. —Está despierta. —Buenos días. Me costó mucho quedarme dormida. ¿Y tú? Su Nan se sentó en la isla con una botella de agua. —Dormí muy poco, me temo. Escucha. Llamé al Sargento Reynolds. Le dije que tenemos nueva información y que quería reabrir el caso de Chelsea. Debería llegar en cualquier momento. Bea se marchó al pueblo. No le dije nada sobre los espíritus, pero le dije sobre los diarios. Será discreta. —Si

