No sé ni siquiera como mirarle, me siento un completo imbécil el cual no sabe ni como seducir a una mujer cuando ella no caer rendida a sus pies con apenas decirle "hola." Quizás ese sea el motivo de mi soledad; he pasado innumerables noches de sexo ocasional con diferentes mujeres que solo me han utilizado para decir que se han tirado a Asher de la Vega y que para mí han servido como una especie de desahogo físico, pero al final de todo siempre estoy solo. No hay nadie a mi lado con quien pueda celebrar una buena noticia o nadie por quien yo sienta esa necesidad de cometer alguna locura romántica. En realidad, ni siquiera sé muy bien cómo ser romántico; nunca me he dado a la tarea de serlo.
—¿Te encuentras bien?— Me interrumpe su voz y al volver mi mirada a ella; le sonrío de la manera más genuina que puedo.
Debo admitir que es muy guapa, es una mezcla perfecta entre naturalidad y elegancia. –Sí, solo un poco avergonzado por lo idiota que me he visto, — Confieso y ahora es ella quien se sonríe.
—Todos tenemos algo de idiota por momentos. — Bromea.
Sus palabras consiguen relajarme un poco y así en medio de esa calma que comienzo a sentir; me acerco a ella y me siento a su lado en el sofá. –Si te digo que estoy confundido, ¿me crees?— Cuestiono y el escucharle reír me deja saber que sí.
—No hacía falta que lo dijeses; me he dado cuenta enseguida, pero ¿Qué es lo que te confunde? — Me pregunta y realmente me siento muy extraño... Normalmente la gente no actúa de manera tan natural conmigo, pero al parecer ella es la excepción a esa regla.
—¿Siempre eres así?— Pregunto mirándole fijamente y encoje sus hombros.
Ella voltea a mirarme y algo muy extraño sucede dentro de mí cuando sus ojos marrones se clavan en los míos –Lo que ves es lo que hay. — Habla sin dudar e inevitablemente niego con mi cabeza. —¿Por qué dices que no?— Me pregunta sonriente.
Organizo las palabras en mi mente con rapidez –Porque creo que una mujer que escribe todo aquello debe tener expectativas muy altas en cuanto al amor, ¿no es así? Creo que hay un poco más de lo que me dejas ver a simple vista, y honestamente... muero de curiosidad por conocer esa otra faceta tuya. — Confieso y en mi cuerpo se produce un descontrol bastante desconocido cuando ella muerde su labio inferior.
«Por favor, no hagas eso...» Suplica todo mi ser.
—Dime una cosa Asher...— Dice y hace una pausa —¿Acaso tú eres el hombre súper romántico que aparentas ser en tus películas? ¿O te pareces más a alguno de los Ashers que describo en mis historias? — Cuestiona e inevitablemente una risa nerviosa se escapa de mí.
—¿Cuál crees que soy?— Rebato y esa manera que tiene de jugar con sus labios mientras piensa es algo que comienza a gustarme más de la cuenta.
—Mmmm... honestamente y basándome solamente en tus fotos de i********:, en las entrevistas que has dado, y la manera en la cual me hablas... creo que no eres muy romántico. Tengo la impresión de que eres un hombre un poco más frívolo a la hora de la conquista, creo que te gusta que caigan a tus pies sin que tu debas mover ni un dedo...— Se expresa y vaya que sabe leer muy bien a la gente.
—¿Eres psicóloga o qué?— Pregunto entre risas que le contagian.
Niega inmediatamente –No, pero, aunque no lo creas he aprendido a conocer muy bien al género masculino. — Se defiende y esto me interesa mucho.
—¿Y cómo ha surgido ese conocimiento?— Indago —¿Un hermano? ¿Amigos? ¿Novio? – Sigo insistiendo con el novio.
—Digamos que durante nueve años he sufrido de una especie de acoso por llamarle de alguna manera... cuando un hombre se encapricha con una mujer puede ser muy peligroso. Llegan a insistir tanto que aprendes a conocer la manera que actúan, que piensan, y cómo creen que la mayoría del tiempo pueden llegar a tener el juego a su favor. — Se explica y suena como toda una experta en el tema —Pero, no nos vayamos por las ramas... me has dicho que estabas confundido, pero no has explicado por qué. — Dice finalmente y hay algo que comienza a gustarme mucho de ella y creo que es su seguridad.
—¿A quién tengo sentada a mi lado? ¿Eres alguna de esas mujeres con la cual me creas un romance, o eres alguien totalmente diferente? — Cuestiono.
—¿Crees que tengo algo de alguna de ellas?— Rebate y este juego comienza a agradarme muchísimo.
—Creo que tienes un poco de cada una de ellas...— Le informo y rie.
—¿Y eso es lo que ha hecho que te comunicaras conmigo? ¿Acaso te has sentido atraído por alguna de las mujeres que he creado en mis historias? — Cuestiona.
—¿Y tú, te sientes atraída hacia el personaje del cual escribes?— Presiono y ambos nos sonreímos mutuamente.
—¿A qué quieres jugar del Valle?— Me pregunta con un tono de picardía que me invita a acercarme a ella.
—Dime tu... puede que me gusten muchas características de las mujeres que describes en tus historias, pero la realidad es que a la que tengo frente a mi es a ti y si quieres que te diga la verdad; me pareces guapísima. —
—¿No se suponía que no pretendías conquistarme?— Me pregunta cuando ya no queda casi distancia entre los dos.
—Puede que me haya engañado a mí mismo y de paso a ti también.— Me justifico.
—Eres un tramposo.— Murmura agitada al notar que ya no hay marcha atrás en esta situación.
—Y tú eres una hechicera con tus palabras, con tu mirada... lo siento, pero... es que no puedo controlarlo. — Consigo expresar antes de que mis labios se encuentren con esa tentación irresistible que son los suyos.
Puede ser que todo esto sea un grandísimo error; que después de esto ella no me quiera volver a ver, pero me es inevitable sujetar su rostro entre mis manos e intensificar este beso. Mi lengua busca encontrarse con la suya y de pronto surge ese inminente encuentro que me desarma por completo invitándome a no querer soltarla nunca más mientras que mis sentidos hacen una fiesta total ante su perfecta manera de corresponder a este beso. –Ash...— Consigue decir agitada en una breve pausa que nos obliga a dar nuestros pulmones.
—No digas que ha sido un error...— Le suplico silenciando su boca con mis dedos.
Ella niega —No es eso... es que de verdad no quiero ser tu capricho...— Comenta y debo apoyar mi frente sobre la suya para intentar comprender qué es todo esto.
—Lo comprendo, pero ¿y si no lo eres?— Cuestiono y sonríe.
—Creo que esto no funciona como en mis historias... no vamos a averiguarlo mientras nos enredamos en tu cama. — Responde haciéndome reír.
—¿Y qué propones entonces? mujer de labios tentadores...— Pregunto con gran interés.
—Que nos conozcamos mejor y que veamos que es todo esto... si solo quieres sexo es mejor que yo me vaya; debo ser una idiota por decirle una cosa así a Asher de la Vega, pero mi corazón esta primero.— Se explica haciéndome entender que no la ha pasado muy bien en el amor anteriormente.
—Conozcámonos; juguemos un juego limpio en esta materia.— Propongo.
—Me parece justo.— Accede finalmente.
—¿Te puedo invitar a cenar mañana?— Pregunto y ríe.
—Tienes prisa...— Bromea.
—Tengo urgencia por saber que serás en mi vida. — Aclaro y sus ojos se abren de par en par.
—Vaya... pero si hablas más lindo de lo que llegué a imaginarme.— Me dice sorprendida y sonrió.
—Hay muchas cosas que no conoces de mí Asli, pero las iras conociendo...—
—Supongo que sí, y supongo que es mejor que me vaya... soy fuerte, pero tampoco soy a prueba de sonrisas como estas. — Aclara entre risas.
—Te veo mañana, ¿te busco a las ocho en tu casa?— Propongo y para mi sorpresa ella toma un bolígrafo que está sobre la pequeña mesita que hay frente al sofá.
—Esta es mi dirección, llámame cuando estés en la puerta o mi amiga Micaela será quien te reciba y le contará a todos que has llegado a mi casa.— Me dice mientras escribe la dirección en la palma de mi mano y no puedo más que reírme.
—Lo haré.— Respondo y respiro profundo cuando le veo levantarse del sofá.
«Asher, creo que estás en problemas...» Me grita mi subconsciente a modo de advertencia, pero no pienso dar marcha atrás.