—¿Qué hicieron qué? —Por favor mamá, no le digas a papá —Suplica Maximiliano —. No fue nuestra intención hacerlo. —¿Acaso están locos?, debieron pedirme permiso. —Mamá, lo sentimos —Inquiere Mariano —. No pensamos sucedería esto. Niego completamente ofuscada. Habían pasado diez años y mis niños pasaron de ser eso a ser unos chicos de 18 años completamente grande y hermosos, pero sobre todo bastante inquietos. —Díganle a Robert que guarde la camioneta en él garaje y luego venga hablar conmigo, si su padre se entera que tomaron una de las camionetas sin permiso y la chocaron los castigará de por vida. —Gracias mamá. Ambos dejan un beso en mi frente y salen de la casa rápidamente. —Mamá, ¿Qué hicieron mis hermanos ahora? Karla entra sonriente a la cocina, deja un beso en mi mejil
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