Min se sentó a su lado, levantó las manos y las acercó a sus hombros, pero el contacto no se dio porque él detuvo sus manos y las dejó caer en su propio regazo, Cesia ya no se sorprendía de estar anhelando su tacto, lo había aceptado como una verdad, siempre anhelaría su tacto. —Estoy bien — dijo suavemente —, solo son unos moretones. Él negó con la cabeza, detalló su hombro, supo que vio las marcas de las uñas clavadas y los hematomas que se habían generado. El rubio realmente la había lastimado, tenía mucha fuerza. Min luego miró su rostro y notó el corte que tenía en la sien, junto a otro hematoma, pero era más pequeño. Sus ojos se cristalizaron y eso hizo que Cesia sintiera como si estrujaran su corazón. —Hiciste bien al acabar con él — dijo ente dientes. —No quiero pensar en e

