— Creo que paradójicamente lo que no tenemos es lavandas — dijo sonriendo Leo al ver la emoción de Ada —. ¿Te gustan las flores? — preguntó sonriente contagiada por la excitación de la joven humana. — Me encanta la jardinería, pero en mí casa...ya sabes vivo en uno de esos edificios feos que ocupamos los humanos en la parte pobre de la ciudad — exclamó Ada con una mueca en su cara. — Si se quedan lo suficiente y Viktor lo permite quizá puedas hacer un poco de jardinería... — Ohh me encantaría...aunque confieso que una parte de mí quiere revolcarse en la hierba entre las flores — confesó riendo. — Jajaja a veces los cachorros lo hacen ...y nuestros jardineros fingen enfadarse...pero son tan adorables... — Puedo imaginarmelo — respondió Ada con sus ojos brillantes. Leo guió a Ada por e

