Capitulo 17

1354 Palabras
Doménico. El comienzo del fin... Aunque al cerrar la puerta sentí un escalofrío recorrerme todo el cuerpo, la presencia de ese hombre más que miedo me produjo cierto descanso. —Tú sabes quiénes son ¿no?—le pregunto a Teo, quién se mantiene a mi lado mientras caminamos hasta la habitación de las niñas. —El rubio de traje elegante es Andrea Botiglio, el abogado del jefe, el otro, es Doménico Turro, su antiguo consiglieri. —¿El padre de tu amigo? —Sí, algo malo debe haber pasado con ese desgraciado de Vitale que el jefe se decidió a llamarlo. —No puedo creer que ese hombre vuelva así como si nada, ¡Mató a su hijo!—digo casi con la cara desfigurada. —En este mundo la familia siempre será la familia, mi amigo traicionó no solo la confianza del jefe, también la de su padre y pagó con creces, pero de algunas forma u otra, el señor Doménico siempre ha estado presente. —Es horroroso, nunca podré entenderlo—digo frustrada sentándome en la mesita, mientras las niñas juegan con sus muñecas—. Todo esto es un asco. —Para ti, que no tiene idea de todo esto es entendible, pero para nosotros es algo normal, nuestra vida no nos pertenece, le pertenece a la camorra—dice encogiéndose de hombros y en mi caso se me encoge el corazón. Pasa más de una hora hasta que Mateo nos dice que el jefe nos llama a su habitación. Dejo el tejido que estoy haciendo y camino con pasos lentos y temerosos, temiendo a qué me va a pedir ahora el jefe. —Regina, hija. Ven aquí. Me habla, quitando la mascarilla de oxígeno, ahora que lo veo, la llegada temprano de Vitale fue como que sumara más años a su cuerpo, ese que apenas se mueve. —Señor, no se agite debe cuidarse. Usted sabe que no le hace bien estar así. —Lo sé mi niña, pero las malas noticias llegan más rápido de lo que uno espera. Siéntate aquí conmigo, necesito hablar contigo de algunas cosas. Hago lo que me pide, bajo la atenta mirada de los dos caballeros que están al lado izquierdo de mi jefe. Él toma mi mano y da pequeños golpecitos, como infundiendo paz, una que no existe en este entorno, pero lo dejo ser. —Me imagino que Teo ya te puso al tanto de quiénes son estos caballeros—asiento dándole la razón —. Pues bien, mi niña, las cosas han tomado un camino distinto del que yo había presupuestado Y como siempre voy a necesitar de ti. Ne extiende un periódico, pero no entiendo mucho, está en inglés. —¿Qué es esto señor? El hombre con el parche en el ojo es el que se acerca a nosotros y toma la palabra. —Regina, es un gusto conocer a tan buena alma caritativa. —Puede dejar la pomposidad para otros , señor Doménico. Ahora, dígame qué es lo que pasa y porqué esta noticia es tan importante para que mi jefe se haya puesto así. —Como siempre, has elegido bien, amigo—le dice a mi jefe sonriendo y este solo asiente—. Pero bueno, te lo explicaré Regina. En ese momento, don Doménico nos cuenta que en el artículo se señala el fallecimiento de un señor, un tal Enrico, él tranquilamente nos explica que era el antiguo consiglieri del padre de mi jefe y lo peor, que era quien había acogido a la hija del capo. —Eso quiere decir que su identidad quedó descubierta—digo señalando a la hermosa chica que está en la foto y el señor Doménico asiente. —Como nunca lo esperamos, Gia apareció en las noticias y ahora Franchesco ha reclamado su lugar como futuro capo de Ventimiglia al ser el prometido de Gia. —Dios santo. De solo pensar que esa pobre chica cayera en las manos de ese ser despreciable me provocaba asco y mucha rabia, pero parece que las cosas se pondrán peor. —Por ahora, mientras yo viva, no pasará nada y tú te mantendrás firme en tu lugar, pero por cualquier situación que pueda pasar Andrea ha traído mi testamento. —Señor, no diga eso, usted estará bien y… —Y sabes que no es así, ya me queda poco tiempo en esta tierra y lo único que necesito es blindar a Gia y a ti para que ese desgraciado no haga nada. —Por lo pronto, yo permaneceré en las sombras vigilando a Vitale. Ustedes deben seguir como si nada hubiera ocurrido y estar atentos, solo déjalo ser y trátalo como la mano derecha de Cintolesi. —Pero es que ese hombre es una bestia, señor. Apenas y lo soportamos aquí en la casa, pues cada vez que está lo único que hace es creerse el dueño de todo. —Pues deja que los perros ladren, mi querida Regina. Mientras no sepamos lo que Vitale hará estamos de manos atadas. —Señor, usted sabe que haré todo por proteger a mis niñas, pero pedirme que sea amable con él no está en mis manos. —Te entiendo, Regina. Por eso te pido que seas fuerte y solo ten cuidado, desde hoy Teo y Mateo estarán las veinticuatro horas del día junto a ti y las niñas, hazme caso y quédate tranquila, nada te pasará a ti o a ellas… El problema no sería que tuviera que aguantar al desgraciado ese, el problema ocurrió una semana después, ese día que no pensé que fuera tan cercano. La noche anterior, mi jefe había tenido una nueva crisis que el doctor León había tratado, por lo que había sido solo un susto, pero los gritos en la mañana y el correr de personas de un lado otro me despertó. —¿Qué pasa?—pregunté a Mateo que estaba en mi puerta como cada noche para vigilar que ese imbécil apareciera. —Debes ir a la habitación del jefe. Fue lo único que dijo y me llevó hasta ahí, entré con pasos temblorosos y me encontré con aquella imagen que no quería ver. —Regina, pasa… él te está esperando. Caminé, sintiendo mis lágrimas caer, otra vez una persona que para mí había sido importante se iba, era eso lo que estaba diciéndome el doctor. —Señor—dije arrodillándome junto a su cama. Él comenzó a mecer mis cabellos alborotados y me habló. —No debes llorar por una bestia malvada como yo, Regina. Tus lágrimas no me las merezco. He sido una mala persona y no solo por ser mafioso, fui un mal padre, un mal esposo y… un mal amigo. —Señor, no hable. Tiene que descansar para que más tarde traiga a las niñas para que les lea un cuento. —Ya no tengo fuerza, mi niña. Es mi hora de pagar todo lo malo que he hecho, pero ¿sabes algo? Agradezco a la vida que hayas aparecido en mi camino y cada acto de bondad que has hecho por mí y mis hijas, ahora te dejo a cargo de todo como la hija que eres para mí, se vendrán momentos difíciles, pero reconozco tu fortaleza y sé que harás lo mejor por todos. —Señor… —Ya quiero descansar… solo prométeme que escucharas a Andrea y a Doménico. —Lo prometo. —Bien, me doy por pagado, algo bueno que hiciera en esta vida. Estoy tan cansado… Y dolo cerró sus ojos, su respiración comenzó a fallar y mis gritos llamando al doctor o a alguien que lo ayudara, pero nada. De un momento a otro dejó de respirar y su corazón dejó de latir. —No me deje sola, señor ¡Hagan algo! —Regina… El abrazo de Teo conteniéndome, trataba de tranquilizar mi alma, pero sabía que la perdida de mi jefe sería más que una simple muerte. Sería un reto a mi cordura y a mi paciencia. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR