Danilo no necesitó más invitación. Con un movimiento fluido, se hundió profundamente en ella. Ambos gimieron al unísono ante la sensación de plenitud. —Dios, eres tan estrecha y deliciosa —gruñó él, agarrando sus caderas con fuerza. Comenzó a moverse, primero lentamente, saboreando cada centímetro. Luego, aumentó el ritmo, impulsado por los gemidos de placer de Marleni. —¡Más fuerte! —suplicó ella, arqueando la espalda. Danilo obedeció, embistiendo con más fuerza y rapidez. El sonido de sus cuerpos chocando llenó la habitación, mezclándose con sus jadeos y gemidos. Marleni sintió que cada embestida la llevaba más cerca del éxtasis. Sus dedos se aferraron a las sábanas, buscando algo a lo que agarrarse mientras el placer la consumía. —¡Oh, Danilo! ¡Sí, así! —gritó ella, sin importarle

