Capítulo 4

2960 Palabras

Una de las ventajas de ser un fugitivo era la soledad, ningún dandi idiota pavoneándose alrededor, ningún comentario decadente que rechinara en el aire. Sin embargo, darme cuenta de que nunca podría volver a la alta sociedad era una píldora amarga que tragar. Podía vivir sin mujeres (o eso esperaba), aún más sin hombres, pero no tener nadie de quien quejarme era algo difícil de aceptar. Y además estaba Linka, la chica de mis sueños. Una vez conocida, nunca olvidada, incluso la idea de ella conmovía mi alma, o lo hubiera hecho si tuviera una. * * * La meseta de los Himalaya amalgamada con los Alpes de Rhineland, una parte alterada en forma única del mundo, combinaba un individualismo áspero con una talla espectacular, y funcionaba. Me gustaba, aunque suponía que el vendaval que soplaba a

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