Mael tomó el cuerpo inconsciente de su hermana y lo cargó en sus brazos. Salió de la casa a toda velocidad y recorrió el bosque hasta llegar la la guarida —Por favor resiste— susurro preocupado. El cuerpo de Sabrina comenzaba a enfriarse y su verdadera forma ya estaba tomada, lo cual solo decía que la chica moriría en cualquier momento.
Por detrás le seguían Emily y Eliza, junto al resto de ROCKOS que habían ido a la pelea. Una vez llegaron ahí los mágicos prohibieron la entrada de las humanas que le acompañaban.
—Hasta ahí— hablo uno de los mágicos —Ustedes dos no son bienvenidas aquí, así que, largo de una vez— tomó el brazo de Emily y la hizo retroceder.
—Está bien—Emily se giró y tomó a Eliza del brazo —Es hora de irnos— comenzó a caminar, pero la princesa se detuvo.
—Espera— dejó de caminar —Pero ¿Sabrina estará bien?— volvió a girarse —Quiero estar con ella— se soltó del agarre de Emily y caminó hacia la choza en la que habían metido a Sabrina.
Uno de los mágicos la detuvo —Detente— dijo —No pueden pasar más allá de este punto.
Eliza no tuvo más que detenerse, pero se dejó caer al suelo y ahí permaneció —Entonces, si no puedo pasar aquí me quedaré hasta que ella se encuentre mejor.
—Princesa— Emily se acercó y se rebajó a su altura —Tu padre está preocupado por ti— le tocó el hombro —Tenemos que volver al palacio.
—No quiero— sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas —Por mi culpa ella esta así, si no me hubiera salvado ella ahora estaría bien— las lágrimas comenzaron a salir de a poco.
—Lo se, princesa— Emily se puso de pie —Pero por ahora su seguridad es lo primordial, Sabrina estará bien, ella es una guerrera fuerte.
—Me quedaré aquí hasta que ella venga.
—Dormenis rosis— susurró Emily, la pequeña flor salió de la tierra y liberó su aroma tranquilizante —Persóneme, princesa— dejó de usar su hechizo cuando vio que Eliza ya se encontraba desmayada en el suelo —Pero tenemos que volver— tomó el cuerpo inconsciente de la princesa y lo cargó en su espalda.
Y así, con Eliza inconsciente, Emily volvió al palacio. Una vez estando ahí los guardias del palacio tomaron el cuerpo de Eliza y Emily retiro el polvo adormecedor de la nariz se la chica, así ella despertaría más pronto. Luego de eso ellos se llevaron a Eliza hasta su alcoba y la dejaron descansar antes de que el médico real revisara el estado de la chica.
—El rey pide hablar contigo— dijo otro guardia cuando estuvo frente a Emily.
Emily trago saliva y asintió, el guardia se dio la vuelta y Emily comenzó a seguirlo. Una vez estando frente a la habitación de su majestad el guardia la anunció y Emily entró.
—¿Quién fue el m*****o que se atrevió a tocar a mi hija?— el rey cuestionó alterado —¿lo capturaron?
—Me temo que no encontramos ningún sospechoso. La primera princesa y Sabrina se encontraban cerca del arrollo y se encontraban solas.
—¿Cómo se encuentra mi hija? ¿La hirieron?
—Afortunadamente no.
—Y ¿Cómo se encuentra Sabrina?
—Ella está herida, una flecha se impactó en su abdomen y perdió mucha sangre, ella está muriendo.
—¿Dónde está ahora?— preguntó.
—Mael decidió llevarla a su casa— dijo.
—Pero ¿Por qué no la trajo? Los médicos la salvarán.
—Ya no hay nada para ayudarla, la sangre que perdió no se puede reponer con nada.
—Ya veo— el rey se dio media vuelta —Es una lastima— salió al balcón —Dile al muchacho que nosotros le daremos un sepelio adecuado.
—Si, señor— Emily asintió antes de salir de la habitación.
(…)
—Por favor— Mael pedía algo que ya no era posible —No mueras, hermana— susurraba tomando la fría mano de Sabrina.
El pulso de la mujer era cada vez más débil, incluso después de haber curado sus heridas, incluso después de que la mujer era una mágica y ellos eran casi inmunes a las heridas.
La esperanza era lo único que quedaba en Mael, pero cuando se perdiera ya no quería nada, solo quedaría vacío y desolado, su única familia se iría y él quedaría solo.
Debía rogar al dios que los abandono, pero él no lo haría. Si los abandono, no escucharía sus plegarias.
Los latidos de Sabrina disminuyeron, hasta que sólo el silencio quedó. La vida se había ido de ella y nadie podría devolvérsela.
—¿Sabrina?— preguntó Mael al dejar de sentir el sonido de los latidos —No me abandones— soltó la mano de la chica y comenzó a hacer presión en su pecho para que volviera a tener pulso.
—¡Mael!— Christ entró a allá cabaña —Ella ya no está aquí— el chico se acercó a Mael para tranquilizarlo ya que había comenzado a gritar del dolor que su pérdida había provocado. —Se ha ido.
Mael comenzó a llorar, a sacar el dolor que tenía en ese momento —No mi hermana— se desplomó y le dio un abrazo a su amigo —Desearía haber sido yo y no ella.
—No puedes cambiar el destino— Christ correspondió el abrazo de Mael —Ahora tienes que ser fuerte, porque los problemas se avecinan. La guerra está por comenzar.
—Ya no quiero seguir— las lágrimas no dejaban de salir. —Sin mi hermana ¿Qué haré?
—Vivir— Christ se separó de Mael y lo miro dando una sonrisa —Es lo que ella abría querido que hicieras.
—No hables como si la conocieras.
—La conocí y es lo importante. Se que ella no habría querido que tú te quedarás por siempre deprimido. Ella amaba la vida así que vive por ella.
—Tienes razón— Mael limpio una de las tantas lágrimas que había derramado.
La vida no terminaba ahí. Unas vidas iban y otras venían, ese era el ciclo de la vida. Naces, creces, vives, te enamoras, te reproduces, envejeces y mueres. El ciclo se repite una y mil veces.
Aún había un propósito en pie, la libertad de los mágicos debía ser la prioridad de todos y no importaba que tantas vidas se perdieran.