02.

1526 Palabras
Ada pov. El tiempo pasó muy rápido, mi tarde se basó en almorzar, dormir un poco y preparar un bolso con mis objetos personales para hoy a la noche. Actualmente eran las 19:30pm, por lo cual me quedaban 30 minutos para que llegara Alex. Teníamos que pasar desapercibido, por lo cual teníamos que vestirnos lo más común posible, así que obste por vestirme de n***o y soltar mi cabello. Mi celular comienza a sonar con el nombre de Alex en pantalla. Lo atiendo de inmediato. —Dime. –ábreme.-sonó serio por el parlante del celular. Bajé las escaleras y me dirigí a la puerta, la abrí y ahí estaba Alex, con una bolsa grande. Lo mire confundida.–Que es esto?.-pregunte. Tomó mi cintura y depositó un beso en mis labios. –Ven vamos, arriba hablamos.-habló mientras se dirigía a las escaleras, me quedé helada, no esperaba un beso así de la nada, no necesitábamos fingir. Sin más di paso a seguirlo. –Cuantas veces te dije que mantengas las cortinas cerradas Ada.-dijo enfurecido mientras cerraba estás mismas. –Que te pasa Alex? –Nada, hablamos después, no hay tiempo ahora.- hizo una pausa.– Necesito que te pruebes esta ropa rápido, ve al baño.-sacó unas prendas de la bolsa que traía y me las tendió. Las miré extrañada, eran muy coloridas, en mi vida había usado algo con tanto color, pero no dije nada al respecto e hice lo ordenado. Era un suéter de lana y unos pantalones como de hippie, me quedaban horribles, pero eran de mi talla. Di paso a quitarme la ropa y salí del baño. –Me quedan.-informe –Excelente, dámelas. Le tendí las prendas y las guardó nuevamente en la bolsa. –Agarra tus cosas y vámonos.-habló nuevamente dirigiéndose a la puerta. Agarré mi bolso y lo seguí. Antes de ir con él, quién se encontraba parado en la puerta, pase por la cocina.–Rosa ya me voy, te quiero, nos vemos en un rato. –Por favor cuídate mucho.-me pidió mientras me envolvió en un cálido abrazo. –Lo haré.-le aseguré y le di un beso en la mejilla, para después ir a donde se encontraba Alex. –Vamos.-dije tomando mis llaves. Alex tomó mi mano libre y lo miré extrañada a su tacto, pero él ni siquiera me dirigió la mirada, solo caminó hasta llegar al auto. –Puedes decirme que sucede?-exigí una vez en el auto. –Ponte el cinturón.-ordenó, mientras encendía el auto.–Hablaremos cuando terminemos con esto, te lo prometo.-me miró fijamente a los ojos. –Esta bien, cuéntame qué haremos hoy a detallé. –Bajaremos dos cuadras antes e iremos vestidos como mochileros, no podemos llevar todo eso en los bolsos tal cual no los dieron.-explicó. –Se vería bastante sospechoso y lo que menos necesitamos ahora, es llamar la atención. –Entiendo. –El hombre a quien le tenemos que entregar esto, se apoda “Cae”, el nos entregará una mochila igual a la que llevaremos nosotros, hacemos el intercambio y eso es todo. No quiero que hables ni nada, yo lo haré todo.-habló sin quitar la vista del camino. –Esta bien.-me límite a decir. Alex estaba actuando algo raro, lo cual me pone más nerviosa de lo que ya me ponía al hacer estos “recados”. Me recosté en el asiento a la espera de llegar. …. Llegamos después de casi cuarenta minutos de viaje. –Toma, póntelo encima de tu ropa.-me tendió la bolsa. Me deshice del cinturón, saqué el suéter y el pantalón que me había probado antes. Alex llevaba algo muy similar a lo mío. –Necesitas que repasemos algo?-preguntó una ves estuvo vestido. –No, lo entendí todo. –Bien, vamos.-bajó del auto, a lo que a los segundos también hice. Alex se encontraba en el baúl del auto sacando las mochilas. –Vas a llevar la menos pesada.-me tendió una de las mochilas. Si esta era la que pesaba menos, no me quería ni imaginar lo que pesaba la que llevaba el. –Vamos.-dijo tomando mi mano. Comenzamos a caminar, las calles estaban solo iluminadas por los faroles de las casas, la fría brisa nos golpeaba de frente. Mire de reojo el perfil de Alex, se veía tan preocupado. –Alex, prometo seguir todo lo que me dijiste, no pienso actuar sola, no tienes de que preocuparte, saldrá bien.-rompí el silencio. –No es eso, confío en vos y se que aprendiste de los errores del pasado. –Entonces, que te pasa? –Es ahí.-señaló, ignorando mi pregunta. Era un bar con una muy mala pinta, afuera se encontraban dos mujeres discutiendo, un hombre sentado en el cordón de la calle, con una botella en la mano, mujeres con poca ropa entrando y saliendo. Entramos al lugar y era mucho peor, el olor a alcohol era muy fuerte, los gritos de dos hombres me aturdieron los oídos. –Mira, están en aquella mesa.-señaló con la cabeza. Mire en su dirección y se encontraban tres hombres peli negros, repletos de tatuajes. Nos acercamos a la mesa. –Buenas noches señor Davies.-hablo el hombre del medio, seguro el es “cae”. –Buenas noches Cae.-ambos se dieron un apretón de mano. –Usted debe ser la señorita Brown.-asentí con la cabeza. –Eres igual de hermosa que tu madre, hasta tienes esos ojos que tanto la caracterizan.-concluyo. Se me erizó la piel. –Gracias.- siguió mirándome, lo cual me ponía muy incómoda. Apreté con fuerza la mano de Alex. El sin soltar mi mano, adelantó un poco su paso, colocándome detrás de el. –Bien, acá tienes lo tuyo.-dijo colocando la mochila sobre la mesa, lo cual yo también hice. –Perfecto, muchachos traigan lo suyo.- los dos hombres a su lado, se levantaron y salieron por la puerta. –por favor tomen asiento, quieren tomar algo? –No, gracias así estamos bien. –Ya veo, están apurados, bien como ustedes quieran.-se levantó de su silla, tomando las mochilas. –Vamos.-se dirigió a la salida del bar. Mire extrañada a Alex. –Va a estar todo bien.-susurró. Salimos afuera y los dos hombres que salieron del bar, venían llegando. Le entregaron un bolso y una mochila a Alex. –Muy bien, eso es todo chicos, que tengan una linda noche.-saludó Cae. –Usted igual. Comenzamos a caminar de vuelta al auto. Una vez estamos a mitad de cuadra, Alex me paró.–Quítate la ropa.-ordenó, mientras tiraba su suéter en el suelo, quedando solo con una remera blanca. Hice lo mismo que el, quedándome con la ropa que traía abajo y seguimos. Estamos llegando a la esquina de la segunda cuadra, cuando salé un hombre armado. –Dame los bolsos.-ordeno. Alex estaba paralizado. –Vamos, rápido.-gritó, apuntando a Alex. –No lo haré, hicimos un trato.-habló y en cuanto oí sus palabras, me percaté de que era uno de los hombres de Cae. –Bien.-apretó el gatillo y sin pensarlo me coloque en frente de el, no podía permitir que le hicieran daño, ya le había causado mucho. La bala me impactó en el hombro y caí al suelo, se oyeron tres disparos más y luego un silenció que me helo la piel. El miedo se apoderó de mi y las lágrimas comenzaron a empapar mi rostro. –Ada, estás bien?-sentí un gran alivio al escuchar su voz. –Tenemos que irnos, puedes levantarte? Asentí y comencé a levantarme, cubriendo mi hombro. El hombre se encontraba en el suelo, quejándose de dolor. Corrimos media cuadra y nos metimos en el auto, Alex tiro los bolsos a los asientos de atrás y arrancó sin más. –Ponte en cinturón por favor.-ordeno.-Mierda, nos están siguiendo. Como pude y sin soltar la herida me coloque el cinturón. –Ada, en la guantera hay un arma, si es necesario úsala y defiéndete. Haré lo posible para que no tengas que usarla, pero si es necesario, no dudes. –Esta bien.-tome el arma entre mi mano temblorosa. Aceleró mucho más e intentó perder al auto, pero era en vano. Alex no paraba de maldecir, tomo su teléfono.–Papá, nos están siguiendo, Ada está herida, estoy yendo a casa por favor necesitamos un médico.-en cuando terminó de hablar, las ventanas traseras explotaron. –Esta bien, lo haré.-colgó el teléfono. –Ada, necesito que bajes tu ventanilla e intentes darles a las ruedas.-trague con fuerza. Tenía que hacerlo, sino iba a terminar peor que aquella vez. Me saqué el cinturón, baje el vidrio y saque la mitad de mi cuerpo por la ventanilla. Sentía un dolor horrible, la bala seguía en mi hombro izquierdo, descubrí la herida para tomar bien el revólver. Visualicé la rueda y apreté el gatillo. –Otra vez.-gritó Alex. La adrenalina invadió mi pecho, volví a intentarlo y está vez lo logré, el auto empezó a salirse de control, cuando Alex tiro de mí y me metió de vuelta en el auto, para acelerar mucho más. –Necesito mi celular.-hablo con desesperación. Mi visión se empezó a poner borrosa, mientras los gritos de Alex retumbaban en mis oídos. Me sentía débil. –Que necesita un médico, me da igual lo que tengas que hacer.-gritó. –está perdiendo mucha sangre. Fue lo último que oí antes de perder el sentido.
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