Algunas noches se tomaba el tiempo de leer mis historias, incluso debatíamos ideas, él creía en mí, incluso más de lo que yo misma lo hacía. Una vez me dijo que uno de mis escritos lo había animado a componer sus propias canciones, y desde entonces su banda tomó otro rumbo, uno mucho mejor. Me llamó su musa de inspiración. Y por más estúpido y cursi que suene, me encantaba la idea. En apenas unos meses, Nicco se había convertido en una parte muy importante de mi vida, y aquello comenzaba a asustarme, porque a pesar de la gran conexión que había entre los dos, no teníamos algo fijo. Es decir, no éramos novios, pero tampoco solo amigos. Deseaba preguntarle, aunque al mismo tiempo me daba miedo escuchar su respuesta. Temía perderlo. Y durante un tiempo me limité a continuar en ese extraño

