El silencio se ha vuelto en mi contra, mis gritos y protesta fueron silenciados tras estos muros, ni las palabras de Opal a mi favor fueron atendidas, ahora me doy cuenta de lo considerada que ha sido conmigo a pesar que yo no he sabido corresponder a su amabilidad, el sol no consigue calentar los muros de las celdas, ese frío me traspasa la piel, congelándome, me arrastro hasta la esquina abrazando mis piernas con toda la fuerza que mis brazos temblorosos me permiten, está maldita soledad consume velozmente mis esperanzas, se siente como si se tragase mis fuerzas, estoy sola, no debí confiar en él, si tan solo hubiera huido cuando tuve la oportunidad, no sería una prisionera.
—Princesa—Entre tanto silencio su voz se siente como un milagro que revive mi espíritu haciéndome correr aferrándome a los barrotes de la celda.
—Conde, esto es un malentendido yo soy inocente—Digo con la voz temblorosa llena de desesperación mirando sus ojos celestes, el conde Contarinni ha venido en mi ayuda, eso me hace sentir aliviada.
—No sabe cuánto lamento está confusión, Princesa—Responde manteniendo su distancia pero puedo ver en su mirada lo avergonzado que se encuentra, cuando sus ojos me observan siento tanta vergüenza, a causa de mi vestido rasgado húmedo y lleno de tierra, mi estado es deplorable, un reflejo de mi espíritu abatido, nada digno de un m*****o de la realiza.
—¿Cómo sabía dónde me encontraba?—Cuestiono avergonzada bajando la mirada a mis pies descalzos, perdí mis zapatos al intentar oponerme a ese bárbaro que me encerró aquí, he perdido una batalla más, de nuevo me han vencido.
—Se corrió el rumor de que el Rey fue encontrado con una espía extranjera de ojos esmeraldas, y debía cerciorarme—Aclara respirando pesadamente, así que ahora todos sabían sobre mí, pero ya no importa si no consigo salir de aquí, solo seré un fantasma.
—Sáqueme de aquí, se lo ruego—Suplico al borde las lágrimas apoyando la frente en los húmedos barrotes, estoy tan cansada, que no me importa pedirle esto a un completo extraño, no es como si mi palabra significara algo para él—Solo quiero volver a mi Reino.
—No desespere, yo le creo Princesa—Me alienta rosando levemente la piel de mis manos, su cálido gesto hace que mi estómago revolotee mientras que el rubor cobre levemente mis mejillas, sus ojos brillan como ese cielo que anhelo tanto volver a ver.
—¿Lo hará?—Cuestiono esperanzada con el corazón en un hilo esbozando una diminuta sonrisa.
—Le doy mi palabra haré todo lo que esté a mi alcance para liberarla—Promete inclinado levemente su cabeza, la presión que había acumulado hasta ahora en mi pecho es atenuada, estoy poniendo toda mi confianza sobre él y no tengo otra alternativa en este momento.
—Conde Contarinni, Confío en usted—Aseguro haciéndole saber que estoy poniendo todas mis esperanzas sobre él aun así hay algo que no deja de inquietarme—¿Podría hacerle una pregunta?
—La que quiera, no le negaré la respuesta—Concede mostrándose accesible a mi petición.
—¿Cómo se encuentra el Rey?—Interrogo verdaderamente angustiada, su estado no era bueno, solo espero que haya sido atendido y ahora esté recuperándose.
—No lo sé con certeza pero su estado es grave, el castillo está agitado aun no dan con el responsable del complot—Explica provocando que mi corazón se agite, él debe de recuperarse si no la situación podría tornarse más complicada de lo que creía, podrían buscar un chivo expiatorio, y soy la única que se encuentra tras las rejas, estoy en una clara desventaja.
—Gracias por decirme—Pronuncio con la mirada gacha al borde de las lágrimas, no puedo darme por vencida aun pero no puedo evitar que mi corazón se angustie ante la expectativa.
—No tema, yo estoy de su parte—Me alienta prediciendo mis pensamientos, asiento incapaz de decir alguna palabra por el nudo que se forma en mi garganta—Solo aguarde pronto vendré a verla.
Asiento un par de veces cuando lo veo desaparecer por el lúgubre pasillo, vuelvo a la esquina donde antes me encontraba recluida, pego mi espalda a la húmeda pared arrastrándome hasta sentarme en el suelo abrazo mis piernas dejando salir algunas lágrimas que estaba conteniendo, que cruel es el destino, aunque lo intento a causa del frío no consigo conciliar el sueño y el tiempo trascurre lentamente, hasta que unos fuertes pasos interrumpe el sórdido silencio, siento como mi corazón late sin control, no consigo moverme el miedo me deja con la cabeza oculta entre mis rodillas cuando la puerta de mi celda es abierta con brusquedad.
—Levántate mujer, vendrás conmigo—Su voz fuerte llega a mis oídos como una centella, todo mi cuerpo tembló al tener de frente, cuando sus ojos marrones conectan con los míos solo puedo ver dureza, esto está mal.
—¿Por qué? ¿A dónde iremos?—Pregunto al mismo hombre que me arrastro a este hoyo oscuro y lúgubre en primer lugar, su mirada llena da ira no ha cambiado, temo por sus intenciones cuando decide guardar silencio—No iré a ninguna parte hasta que no vea al Rey.
—¿Quién te crees para dar órdenes? Irás a donde se te ordene mujer—Responde, su voz resuena por todo el lugar sobresaltándome, no me da tiempo a reaccionar cuando me toma del brazo levantándome a la fuerza.
—¡Suéltame! Me lastimas—Chillo removiéndome tratando de liberarme pero no lo consigo por más que lo intente su agarre sobre mi brazo no cede al contrario se intensifica.
—¡Basta! Te romperé el brazo si así lo quieres—Me advierte sacudiéndome con fuerza, me rindo al ver que es inútil seguir resistiéndome, el ve mi actitud sumisa y sin dificultades me saca caminando de la celda mantengo mi mirada en el suelo al no soportar verlo a los ojos.
—¡Princesa! —Solloza Opal, sus ojos rojos demuestran miedo e inquietud al verme, esté es mi fin…