Capítulo 14.

1024 Palabras
—¡Todo esto es tu culpa!—Grita Aurelio saliendo de entre las sombras acorralándome contra la pared, suelto un jadeo, no puedo hablar, su cabello desordenado esa camisa blanca que deja ver su abdomen húmedo por el sudor un pantalón de seda, su aspecto desalineado me deja sorprendida junto con sus ojos que desprenden fuego—¡Por tú maldita presencia! ¡Tú eres la culpable! — ¡No me lastimes!—Chillo cubriendo mi cuerpo con ambos brazos, temblando, sin poder mirarlo a la cara. — ¡Mírame! ¡Mira lo que me has hecho!—Grita golpeando la pared justo a un lado de mi rostro, me estremezco al sentir que mi cabello se mese con la fuerza de su ataque, ¡Va a matarme! —¿Por qué tuviste que estar ahí? ¡Respóndeme! —Yo yo…—Tartamudeo sin poder verlo a la cara, siento que no respiro, quiero salir de aquí, necesito huir, puedo sentir su respiración descontrolada sobre mi rostro, estoy acorralada entre su cuerpo y el muro. —¡Que me mires!—Gritan tomándome de los brazos, su fuerza es descomunal, lucho por mantener el conocimiento cuando golpea mi espalda contra el muro, está fuera de control, mi vista se distorsiona. —No no hehe nada—Intento decir enredando las palabras, que se atoran en mi garganta, no soporto más, quiero que este miedo se esfume, quisiera desaparecer. —¡Mentira! —Niega, su voz resuena por toda la habitación oscura, mis manos chocan contra la alfombra cuando Aurelio me tira al suelo, el dolor de mis piernas al golpearse se extiende por todo mi cuerpo, me giro para verlo detrás de mí, su silueta es como la de un espectro ensombrece mi cuerpo, haciéndome estremecer—¡Mira lo que has hecho! ¡Por tú culpa soy un despojo! —¿De qué habla?—Cuestiono con las lágrimas juntándose en mis ojos, no entiendo el odio en su mirada aunque lo deseé yo jamás podría lastimarlo, no tengo la fuerza suficiente, no soy nada en su presencia, ¿Cómo podría llegar a dañarlo? Es impensable. —¿No lo sabes? ¡Solo mírame y sabrás lo que hiciste!— Me acusa una vez más en un intento por huir me arrastro torpemente, es insoportable el dolor de mis piernas, rezo para que no se acerque pero da un paso hacia mí, tiemblo, cierro mis ojos interponiendo mis brazos ante su siguiente ataque pero me deja sin aliento cuando escucho un golpe justo a mi lado, creí que había fallado el golpe, pero mis ojos se abrieron asombrados al ver su espalda junto a mí, ¡El Rey ha caído como muerto a mi lado! No lo pienso y arrastro lejos de él, el intenta ponerse de pie utilizando sus brazos pero no lo consigue, miro la puerta detrás de mí y corro hacia ella. —¡Hank, Él Rey te necesita!—Grito cuando salgo de sus aposentos, mi pecho sube y baja mientras el robusto hombre de ojos marrones me observa asombrado, rápidamente atiende mi demanda y ambos ingresamos a los aposentos donde Aurelio se encuentra sentado destrozado todo a su alcance. —¡Su Majestad! —Hank llama su atención, al verlo Aurelio se detiene aprovechando su desasosiego el Marqués se aproxima en su ayuda, se inclina ante él toma su brazo pasándolo alrededor de sus hombros, corro hacia su cama retirando las sabanas así Hank puede dejarlo cómodamente. —Deben llamar al Médico—Sugiero luego de un momento de silencio, el ambiente se siente pesado, siento cierta tensión entre ellos saben algo que yo desconozco. —¡No! Nadie debe saber esto—Niega Aurelio golpeando las sabanas con brusquedad sobresaltándome. —Sus heridas deben ser atendidas o podría empeorar—Le hago saber con la voz temblorosa, sus ojos sobre mí ejercen una presión que me corta la respiración. —¡Largo! ¡Vete de aquí! —Grita enfurecido, todo mi cuerpo se estremece al pensar que me ha sido para mí esa orden, me quedo inmóvil con la mirada en el suelo—Buitres Traidores, te dije que solo ella podía entrar a mis aposentos. —Sí su majestad—Concede el Marqués haciendo una reverencia para luego dejar la habitación, estoy confundida, miro el rostro de Aurelio que no ha dejado de fruncir el ceño manteniendo una expresión dura, ya no me mira a los ojos solo mira al techo. Sin saber que hacer exactamente me quedo de pie a su lado, esa tensión se maximiza a causa del sórdido silencio, pero no sé qué decir, no quiero ser el objeto de su ira, ya me ha demostrado que no me tendrá compasión. —¿Hasta cuándo piensas estar de pie?—Cuestiono de forma acusadora sin mirarme a la cara, sin poder evitarlo doy un salto, su voz profunda es algo que causa estragos en mí ser, miro a mi alrededor y me aproximo a uno de los sofás de seda que están en la estancia solo a unos pasos de la cama—Si sales de aquí juro que te decapitaré. —No lo haré—Aseguro ante su firme amenaza, no me queda duda de su capacidad de llevarla a cabo, así que prefiero no contradecirlo, un silencio abrumador nos envuelve a ambos, me trago el nudo que se forma en mi garganta, sé que me ignora, puedo ver sus ojos cerrarse por momentos pero sé que no duerme, me vigila. No sé si es el calor de la vela o lo suave de la seda pero mis ojos comienza a cerrarse, apoyo mi cabeza sobre el respaldo del sofá dejando que mi cuerpo haga de las suyas, termino rindiéndome ante la dulce melodía que me guía a un sueño profundo, ni aun el temor que estremece mi cuerpo ha sido capaz de retenerme, mi cuerpo se rinde ante el cansancio, desesperado por huir de este palacio donde todos aborrecen mi presencia y su desprecio acumula brazas sobre mi cabeza, mi vida pende de un delgado hilo que mi enemigo sostiene.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR