Narra Alejandro El sol azotaba de una manera tan grande mi cara que tuve que abrir los ojos de repente pensando en que no cerré la cortina en la noche. -Rayos! - me exalté de repente cegándome el sol. ¡Habíamos amanecido en la terraza! Sentía su cuerpo abrazado al mío, su cabeza estaba sobre mi pecho mientras permanecía profundamente dormida. Me quise morir de amor justo en ese momento, verla acurrucada a mi cuerpo de tal manera me hacía sentirme de maravilla. En la madrugada había buscado mi calor a pesar de que no recuerdo como nos quedamos dormidos. Mi mano descansaba en su cintura y no tenía ganas de dejar de rodearla. Miré mi reloj, eran las siete de la mañana. Recuerdo que ayer la última vez que vi la hora, las agujas marcaban media noche. Y no, si se

