Narra Alejandro Me cansé de tocar a la puerta, pero ella no me abrió. Pero saben? No me iba a ir de aquí sin que me escuchara. Me volé los hierros que rodeaban la casa y caí como todo un ladrón en el jardín, lamentando herir algunas plantas. Y no, yo no era un psicólogo tonto, también podía tener maldad de vez en cuando para cosas como estas. Sé ser travieso. Al levantarme del impulso ejercido para brincar aquellas rejas, que creen? La puerta de madera se abrió. -Pero que te sucede? - le escuché reclamarme. Miré lo arrugada que tenía su frente, incluyendo su nariz mientras se achinaban sus ojos y se cruzaba de brazos. -Que te sucede a ti? Me cansé de tocar la puerta de hierro y no tuviste la decencia de abrirme - le reclamé -Me estaba bañando, Alejandro.

