Es tu último año de universidad. Tranquila. Estoy segura de que todo resultará completamente bien. No hay motivo por el cual deberías sentirte abrumada en este tipo de situaciones, excepto por el hecho de que siempre te ocurre.
Carol me observa desde el otro lado del vidrio con ojos tristes; mi entrevistado definitivamente no vendrá.
Dejo salir un enorme suspiro por lo bajo y hago mi camino al exterior del pequeño café; es la tercera vez que me cancela y eso significa que debo cambiar todo mi proyecto de último año. Quizás debería dejar de intentar hacer cosas levemente decentes y enfocarme en las tiendas de ropa deportiva, igual que mi amiga.
— Lo lamento— murmura ella, queriendo sonar sincera. Yo me encojo de hombros; honestamente, no debería lamentarlo. Soy una clase de imán para la mala suerte, sobre todo cuando se trata de mis trabajos universitarios— estoy segura de que encontrarás otro proyecto genial que encantará a todo el mundo.
Yo camino por la acera; las calles de Sevilla están repletas de gente y quizás se deba a la fiesta de año nuevo. Ya está por ocurrir una de las festividades favoritas de todo el mundo así que dudo que alguien además de mí esté pendiente de algo tan absurdo como un proyecto universitario.
— Sólo tengo hasta junio— me quejo, y no estoy viendo a mi amiga pero puedo sentir la manera en la que está rodando sus ojos en mi dirección.
— Y apenas es diciembre— aporta, aunque no es del todo correcto. Estamos más cerca de enero que de seguir en diciembre así que para mí ya es como si fuera enero.
Carol pasea su larga cabellera negra en frente de mí sólo para detenerme un poco de mi apresurada caminata; ¿Qué haré ahora? Tenía la esperanza de poder hablar sobre los comedores sociales en Sevilla, y ahora tendré que dar un paso atrás y empezar todo de nuevo.
— ¿Qué tal si vuelves a tu idea original?— propone— ¿Qué tal si comienzas a buscar información sobre las malas prácticas policiales?
Yo me encojo de hombros; como si fuera tan fácil encontrar un policía que quiera hablar sobre el tema.
— No puedo creer que quizás terminaré escribiendo sobre alguna fiesta navideña— suspiro algo rendida.
— No puedes hacer eso— se queja Carol casi como si estuviera hablando de su propio proyecto— sólo conseguirás que el grupo de Pol hable más sobre ti.
— ¿En serio piensas que me interesa lo que pueda decir un grupito de machirulos?— pregunto divertida. Carol se encoge de hombros, algo insegura.
La nieve cae sobre nuestras narices y el frío se cola por cada rincón de nuestro cuerpo, así que decido abotonar un poco más mi chaqueta negra de plumas. Quizás podría escribir sobre el maltrato animal ejercido para fabricar ropa, pero estoy segura de que terminaría hundiéndome en una enorme ola de hipocresía, sobre todo cuando acabo de comprar una máscara de pestañas de MAC, la marca de maquillaje reconocida por testear sus productos en animales.
— Por favor, recuérdame ser más consciente con el medio ambiente— le pido a mi amiga justo antes de que mi teléfono comience a sonar de manera escandalosa— espera un momento— le digo, comenzando a buscar entre medio de mi mochila.
Ella y yo nos hacemos hacia un lado para esconder nuestros cuerpos bajo techo y así impedir que nuestros cabellos se cubran de nieve, y justo cuando veo mi pantalla, un número desconocido me saluda de manera irrespetuosa.
Odio los números desconocidos porque, por lo general, se tratan de compañías telefónicas o bromas de mal gusto. Yo le muestro la pantalla a Carol solamente para que ella ruede los ojos casi como si entendiera mi superficial sufrimiento.
— ¿Diga?— respondo, observando la manera en la que el vapor de mi aliento se condensa en el aire. Al otro lado puedo escuchar una leve respiración, pero ni una sola palabra sale de la boca de quien sea que esté llamando— ¿quien es?
El teléfono se corta de golpe, dejándome completamente extrañada. Supongo que las bromas de navidad están llegando a un nivel desconocido.
— No era nadie— le explico a Carol, y ambas seguimos nuestra andanza hasta nuestros hogares.
Mi amiga decide que es buena idea cruzar la ciudad entera para llevarme a casa, así que la dejo creer eso; no hay nada peor que tomar el autobús los días más repletos del año, sobre todo cuando ya se está haciendo tarde y mi alma triste pide a gritos un poco de chocolate caliente con malvaviscos.
Carol estaciona justo afuera de casa. Sus ojos se clavan en los míos y justo cuando entierro mis dedos en la puerta del auto, ella esboza una pequeña sonrisa que, de alguna manera, me hace sentir cálida.
— ¿Todavía irás a mi fiesta de año nuevo?— pregunta esperanzada. Yo la observo algo dudosa; sé que le dije que iría, pero eso era antes de que me fallara la persona que se supone que entrevistaría de manera definitiva.
— No lo sé— admito— en serio necesito encontrar rápidamente un proyecto que no vaya a decepcionar a los directores...
— Frances— me interrumpe ella de golpe, cogiendo mis hombros con ambas manos— eres la chica más inteligente que he conocido en toda mi vida. Estoy completamente segura de que no solamente encontrarás un proyecto genial sino que será el mejor proyecto que cualquier persona haya escuchado jamás.
Carol habla tan convencida que, de alguna manera, yo también me lo creo.
— Está bien— suspiro, e instantáneamente, ella suspira de vuelta.
— Está bien— asiente— ahora vete de aquí. Muero por un baño.
Yo suelto una enorme carcajada antes de despedirme de ella y cerrar la puerta del auto a mis espaldas para ingresar a mi casa. Al interior de mi hogar la calefacción está encendida e inmediatamente agradezco que mi madre tenga chocolate caliente listo cuando me siento en una de las sillas que rodean la mesa.
— ¡Frances!— exclama mi madre mientras vierte un poco del líquido en mi tazón favorito— ¿Cómo te fue con la entrevista?
Intento no hacerlo, pero sin quererlo siquiera, esbozo una pequeña mueca de tristeza que mi madre no tarda en comprender. Ella se acerca a mí para dejar reposar su tranquilizadora mano en uno de mis hombros y acariciar un poco mi espalda.
— Lo lamento, cariño.
— Está bien— le aseguro, a pesar de que no lo esté en lo absoluto— ¿dónde está Alba?
— Está viendo su nuevo programa favorito— ríe ella divertida, haciendo su camino hasta la sala de estar para que yo la siga por detrás.
Justo al lado de la chimenea, mi hermana de siete años se encuentra acostada encima de la felpuda alfombra de color marrón mientras mueve sus pies animadamente al ritmo de la música y tira despreocupadamente de sus calcetas gruesas navideñas.
La pequeña se da cuenta de nuestra presencia e inmediatamente corre hasta donde estamos nosotras para darme un pequeño y corto abrazo. Durante dos mágicos segundos, sus enormes ojos verdes se dirigen a los míos para luego volver hacia donde se encontraba de manera intranquila.
— ¿Cómo estuvo tu día?— pregunto animada, pero Alba no me responde de vuelta— te extrañé— le aseguro. Nuevamente no hay respuesta.
— Sólo una hora más de televisión, Alba— dice mi madre antes de que desaparezcamos nuevamente hasta la cocina— ya va siendo hora de que te vayas a la cama.
Dejo caer mi cuerpo nuevamente en una de las sillas de la cocina. El timbre del horno suena de golpe y el delicioso aroma de las galletas navideñas de mi madre me avisa que quizás el día no estuvo tan malo.
— Mamá— suelto de repente. Su rostro arrugado me observa con una pequeña sonrisa y siempre me sorprendo de la manera en la que parece envejecer tan rápido, o al menos, eso es lo que demuestra su rostro.
Sé que se ve unos cuantos años más grande de lo que realmente es, pero, ¿podría alguien culparla? Hay personas que se vieron obligadas a madurar de manera extremadamente precoz y, desafortunadamente, mi madre es una de ellas.
— Dime, cariño.
— ¿Crees que mi padre haya leído el último libro que le llevé?— pregunto esperanzada. Mi madre asiente con el rostro casi sin pensarlo.
— Estoy segura de que le encantó.
— ¿Crees que podamos pasar por la tienda mañana antes de ir a verlo?
Ella se queda pensativa como si estuviera evaluando la cantidad de cosas que tiene por hacer y, finalmente, asiente con el rostro.
— No veo porqué no.
— Genial— sonrío ampliamente, depositando un suave beso en su mejilla antes de subir a mi habitación— gracias.
Camino escaleras arriba y dejo caer mi cuerpo en la cama para abrir mi laptop y comenzar a buscar algún tema que pueda ser igual de interesante para mí que el anterior. Quizás no sea tan mala idea hablar sobre el maltrato animal, sobre todo ahora que mi madre ha decidido que reduciremos el consumo de carne en un sesenta por ciento, pero, ¿cómo voy a lograrlo siquiera? Nunca me he involucrado en ese tipo de temas.
Quizás debería insistir con las entrevistas en los comedores sociales, pero mi experiencia me dice que una vez más me dejarán plantada.
Decido dejar lo del proyecto para un poco después y comienzo a buscar libros que puedan gustarle a mi padre, así no perderemos tiempo en la tienda y podremos ir directo a verlo antes de que el reloj marque las doce.
Finalmente me decido por un libro conmovedor sobre la vida de los perros; ya basta de comprarle libros informativos. Es año nuevo y merece tener un poco de diversión su vida, incluso si esa diversión es brindada por unas cuantas páginas.
Mi teléfono comienza a sonar una vez más y, cuando respondo, me doy cuenta de que el número desconocido se marca en la pantalla una vez más. Yo dejo salir un resoplido y pongo el altavoz, no muy esperanzada de que alguien me vaya a contestar.
— ¿Diga?— pregunto, pero nuevamente no hay respuesta— ¿Sabes? Las bromas telefónicas son tan del siglo pasado que ya ni siquiera es interesante.
El teléfono se corta de golpe una vez más así que lo dejo en una esquina de la cama, algo frustrada. Normalmente me emociono mucho cuando es año nuevo porque es la época del año en la que logro ver a mi padre durante un poco más de rato, pero ahora, con su traslado a Barcelona y la fiesta de Carol, todo parece ser un poco más desconcertante.
Dejo todo de lado para navegar por internet y mis r************* . Según la página de Carol, un montón de gente asistirá a su fiesta y ni siquiera sé si eso es algo bueno. Las fiestas de año nuevo siempre parecen ser una excusa para emborracharse en exceso y para que eventos terribles sucedan.
Todo era mucho mejor cuando era una niña.
Los golpes en mi puerta se hacen presentes. Tres pequeños golpes y un pequeño suspiro y sé exactamente quien se encuentra del otro lado. Antes de que yo pueda abrir, la puerta se abre tan fuerte que la manilla choca ruidosamente contra la pared, provocando que el pequeño hoyo que se ha estado haciendo se hunda medio milímetro más.
— Buenas noches, Frances.
Yo esbozo una pequeña sonrisa.
— Te quiero de aquí a la luna. Ida y vuelta y en tacones.
Alba asiente con el rostro.
— Te quiero de aquí a la luna— responde ella antes de desaparecer hasta su habitación.
Después de despedirme de mi madre y apagar mi laptop, dejo reposar mi cuerpo en mi cama para chequear el teléfono celular durante unos cuantos segundos, sin encontrar nada interesante. Ni siquiera el número desconocido ha vuelto a llamar, así que decido cerrar los ojos temprano.
Mientras más rápido duerma, más rápido será mañana.