Después de la consulta, decidieron quedarse en la ciudad por unos días, era una manera que Kevin estaba creando para acercarse a ella, de esa manera disfrutando de la tranquilidad y la compañía mutua. Pasearon por los parques, compartieron comidas y hablaron sobre sus sueños y esperanzas para el futuro. —¿Qué quieres comer? ¿Tienes antojos? —preguntó Kevin, con una sonrisa. —Sí, muchos, a veces hasta tierra quiero comer —respondió Karina, riendo un poco. —¿¡Tierra!? —exclamó Kevin, sorprendido. —Sí, has olido la tierra recién mojada, ¿no? No te imaginas esa sensación de comerla —dijo Karina, con una mirada soñadora. —¿La has comido? —preguntó Kevin, aún incrédulo. —No, solamente olerla, me encanta —admitió Karina, sonriendo. Kevin se sonrió, aliviado de que solo fuera un antojo inus

