—¿Lo lamenta? —preguntó Mischa. —No —respondió él después de una breve pausa—. Solo está enojada porque encontraste una manera de que la castigaran por ello, eso es todo —Él suspiró, y ella pudo escuchar la decepción en ese único sonido. Mischa asintió mientras probaba el peso del látigo en su mano. —Avísame cuando lo lamente —declaró y cortó el vínculo mental. Luego miró a Christy—. Me encargaré de todos los latigazos, como es mi derecho. Los 25 de ellos —declaró. Christy la miró con lágrimas en los ojos. —Te arrepentirás, Anthony nunca te lo perdonará si me haces esto a mí, tú misma —escupió. —Así sea —declaró Mischa con frialdad—. Él rara vez se preocupa por verme ahora, así que ¿qué diferencia hará en mi vida? Ninguna —respondió a su propia pregunta y desató ese primer latigazo s

