Alejandro estaba en el despacho cuando tocaron a la puerta. -Pase -Buenos días mi querido Rey -Valla, valla que bella se ve el día de hoy querida señorita. -Usted siempre tan adulador su majestad. Alejandro se levantó de la silla y se acercó a Alondra, y la abrazo puso sus manos en su cintura y se inclino a besarla. -Usted tiene los labios más exquisitos que esté hombre ha probado. -Valla así que a probado muchos labios su majestad, que contrariedad, tal vez debería dejarlo para que siga en busca de alguna damisela que sacie sus ganas de probar labios. -No, sus labios llenan a los míos, no necesito a nadie más, comprenda mi hermosa plebeya que usted es mía y yo soy suyo, haría lo que usted me pidiera, pongo a sus pies mi Reyno, mi vida, todo mi ser es suyo, usted puede hacer lo que

