Mi hijo me miraba con temor, sin embargo, nuestra relación estaba tan quebrada, solo un milagro divino nos restauraría. Toda mi vida viviré con la culpa, tendrá que ser muchas sesiones con Danilo y el padre Castro para perdonarme a mí mismo. Ahora solo dependerá de María Joaquina, no deseo separarme, pero no tengo derecho ni moral para exigir nada. —De mi parte nunca, Julián. Para mí el divorcio no es una opción, pero tu madre puede estar contemplándolo y es entendible en su situación, esperemos que no. —Los labios de mi hijo temblaron. —¿No vamos a verte? —¡Claro que sí!, pero no en la casa, hablaré con Jenaro y pasemos una hora en el apartamento entre semanas y supongo que los fines de semana se quedarán conmigo. —Se contenía para no llorar. —¿Necesitas que cuide de Samuel y de mam

