EPÍLOGO

1815 Palabras

MARIANO. Mi madre vino a la clínica tan pronto como le fue posible. Un tanto molesta porque no le dije en el momento que venimos a la clínica. Pero sinceramente no era capaz de pensar en otra cosa que no fuese Alondra y nuestros pequeños. Había estado tan nervioso que incluso había puesto el auto en marcha sin que ella estuviera dentro.   —¡Qué hermosos! —exclamó mi madre sacándome de mis recuerdos. Tenía a la pequeña Lucía entre sus brazos, dejando besos sobre su pequeña cabeza.   —Lo son, son una combinación perfecta entre Alondra y yo —dije orgulloso, mis hijos se parecían físicamente a mí a excepción de sus ojos, estos eran verdes como los de su madre.   —Gracias hija mía. Gracias por esta felicidad tan grande que le das a mi hijo y a mi corazón —mi madre pronunció aquellas pala

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