¿AMOR?

2016 Palabras
Alondra. Atravesé el jardín, Mariano esperaba por mi junto a la puerta del auto, con una sonrisa en el rostro que me hizo sentir distinta.   —Lamento la demora —me disculpé mientras me tendía la mano para ayudarme a subir al auto. El roce de su piel contra la mía, envió un escalofrío por todo mi cuerpo, mi corazón latió fuerte dentro de mi pecho y en mi estómago sentí como si hubiese miles de mariposas aleteando de manera descontrolada.   —Tenemos tiempo suficiente, con suerte no cogeremos tráfico —sus palabras no me tranquilizaron. Más bien tuvieron el efecto contrario. Pues al estar dentro del auto, me di cuenta que era muy pequeño para los dos o ¿Quizás fueran ideas mías? Sabía que estaba mal, que no debía fijarme en él como hombre, pero ¿Cómo se frena el corazón? ¿Cómo se le prohíbe sentir? Eran preguntas para las cuales, no tenía respuesta.    —¿Qué sucede? —Mariano preguntó una vez se subió al auto y acomodo su perfecto cuerpo en el asiento. Y tal como pensé, el espacio era insuficiente para mantenerlo alejado de mí, el aroma de su colonia inundó mis fosas nasales, haciéndome suspirar.   >>¿Alondra? —mordí el interior de mi mejilla, había quedado absorta en su aroma, que olvide su pregunta, por lo que me di una pequeña cachetada mental y respondí:   —Nada. Solo estoy nerviosa, todo esto es nuevo para mí, la ciudad viene siendo como una jungla de edificios, hay cosas que hace doce años, no estaban allí —dije viendo por la ventanilla, observando las calles y avenidas, habían pasado años y los cambios también se notaban en la ciudad.   Me sorprendí cuando llegamos al centro comercial, Pradera Concepción recitaba el nombre, recordé como era hace años y los cambios habían sido enormes ahora era mucho más lujoso y amplio.   —Vamos —la voz de Mariano me sacó de mis recuerdos. Me tendió la mano para ayudarme a salir del autor. Todo un caballero y ahí iba de nuevo sin poder contener los latidos de mi corazón eran tan fuertes que temía que él fuera a darse cuenta el efecto que causaba en mí.   Caminemos fuera del estacionamiento para entrar al edificio. Los negocios y quioscos estaban iniciando sus actividades y muchas personas llegaban al lugar, para desayunar en el área de restaurantes, niños corriendo y sonriendo.   —¡Vaya, esto es enorme!, no recordaba que fuera así —dije, aunque no recordaba ni la última vez que estuve en el lugar. Casi no salía de casa en mi juventud, siempre venía acompañada de mis padres o de… Apartar los pensamientos de mi cabeza de manera rápida. No quería recordar, no debía. Ellos eran parte del pasado, uno que quería dejar muerto y enterrado para siempre.   —225 negocios y 50 quioscos a tu entera disposición —sonríe ante sus palabras, pues no comprendía el motivo de nuestra visita al lugar. Yo no tenía ni un centavo para comprar siquiera un pan. Y mucho menos en un lugar como este.   —¿Vienes por negocios? —pregunte mientras continuamos caminando. Él me tomó de la mano y mi mundo volvió a sacudirse, tarde me di cuenta del motivo, mientras me arrastraba a una tienda de ropa exclusiva.   —Señor Solís, bienvenido estamos para servirle —una joven hermosa sonrió y sin poder evitarlo sentí una molestia en el pecho al ver como ella lo miraba, ignorándome por completo.   —Gracias Rosa, te presento a Alondra Franco, necesitaré ropa adecuada para ella. De oficina, ropa de vestir casual, vestidos de noche y ropa interior —Mis mejillas ardieron al escuchar la última petición de Mariano. Incapaz de decir algo, fui arrastrada de nuevo por él, su mano cálida aferrada a mi muñeca, me hicieron sentir por un momento especial. Quería creer que él estaba haciendo esto, por algo más intenso que la bondad quizás ¿Amor? Mis pensamientos eran una completa locura.   —Por favor señorita Alondra —la mujer me indicó una sala, asumí era privada y algunas prendas venían ya en sus manos. Observe a Mariano de manera interrogante.   —Prueba la ropa y modela para mí —sus palabras me sorprendieron, eleve una ceja y sonrío.   >>No me mires como si tuviera dos cabezas mujer, ve y prueba la ropa, estaré aquí esperando por ti —asentí aun con cierta duda. Mientras me preguntaba ¿De dónde sacaría el dinero para pagar las prendas?   **** Mariano. ¿Qué estaba haciendo? Fue la primera pregunta que me llegó a la cabeza. Alondra era tierna e inocente. No podía tener pensamientos atrevidos sobre ella ¿Qué clase de hombre sería? Ella era mi invitada, me había prometido resarcir la injusticia cometida con ella y brindarle una nueva vida. Eso era todo, eso debía ser todo lo que debía hacer sin embargo… Mis pensamientos se fueron al traste cuando accidentalmente la puerta del vestidor se abrió y sin poder apartar la mirada del espejo que reflejaba la figura perfecta de Alondra, llevaba el conjunto de ropa interior que yo personalmente había elegido dos días atrás, era terriblemente perfecta.   El bulto en mis pantalones me hizo sentir un completo canalla, no debía pensar en ella de esta manera, pero parecía ser que, desde el día anterior, no tenía cabeza para pensar en nada que no fuera Alondra Franco y en el besó que le di y me dio esa misma mañana. La puerta se cerró, privándome de tan exquisita visión. Pero mi cabeza no pudo apartar aquella imagen, imaginando como sería tenerla tumbada sobre mí.   —¿Mariano? —su melodiosa voz, me sacó de mis impuros pensamientos. Ella estaba parada frente a mí con un traje tipo ejecutivo. Un pantalón de sastre, ancho y recto. Combinado con una camisa abotonada de gasa.   —Perfecta —dije sin dudarlo, ella sonrió y volvió a los vestidores, se talló más de una doce de prendas y cada una de ellas, le quedaba de maravilla ¡Dios estaba loco! ¿Porque no podía dejar de pensar en quitarle cada prenda del cuerpo?   —¿Empaco todo señor? —la dependiente preguntó, asentí sin apartar la mirada de Alondra. Vestida ahora con un hermoso vestido tallado de color azul pavo, resaltando el color de su piel.   —Esto es demasiado. ¡No podré pagarlo nunca! —exclamó en tono bajo y apenado.   —Eso no es todo ¿Has elegido ropa interior o quieres que te ayude? —pregunte sin pensarlo. Los colores se le subieron al rostro, y juro por lo más sagrado que el impulso de tomarla entre mis brazos y besarla me recorrió por todo el cuerpo.   —Yo… puedo elegirlo por mi cuenta —tartamudeo. Me sentí un completo villano al hacer esa pregunta. Pero entonces no podía frenar mi lengua. Ella me seducía sin darse siquiera cuenta.   —Te espero aquí —dije en tono bajo, temía que, al ponerme de pie, la evidencia de mi excitación quedará al descubierto. ¡No era un niño! Y, sin embargo, estaba ahí como si fuera un adolescente precoz, en su primera relación.    **** Alondra. La pregunta de Marino logró que un calor inundara no solo mis mejillas, sino también mi parte intima ¡Estaba loca! ¿Cómo era posible sentir tal cosa, estando en un lugar público? La vergüenza parecía ser mi única compañía desde que deje la prisión. Camine guiada por la dependiente que se mostró amable; pero no complacida con mi presencia.   —Aquí puede elegir lo que usted gusta señorita Franco —no quería demorarme, sabía que Mariano tenía trabajo en la oficina y retrasarlo no era mi intención, cogí unas cuantas prendas rápidamente sin fijarme en los modelos únicamente en las tallas, volví sobre mis pies, para entregarle a la joven las prendas y así poder marcharnos. Mariano sacó una tarjeta de su billetera para pagar las compras. Luego de eso pasamos al siguiente local, una zapatería exclusiva, donde compré lo necesario ¡Le debía hasta el alma!   —¿Lista para tu primer día de trabajo? —preguntó una vez salimos del centro comercial, Ernesto sonrió al vernos, me ayudó con las bolsas para luego acomodarlos en el maletero.   —Estoy nerviosa, pero lista para aprender. Por favor tenme paciencia —dije con una sonrisa nerviosa. Subimos al auto y Ernesto nos llevó a nuestro próximo destino.   Llegamos al edificio ubicado en 15 Calle “A” 14-44, Zona 10 Edificio Marianela, a las Oficinas de Mariano.   —Buenos días y Bienvenido Señor Mariano —la recepcionista saludo con una sonrisa.   —Buenos días Brenda. Te presento a Alondra Franco, a partir de ahora será mi asistente personal, será quien lleve mi agenda. Lleva toda la información a mi oficina —pidió con educación, la chica asintió, pero no me dirigió la mirada. Suspiré era la segunda vez en lo que iba de la mañana que sucedía, no me moleste, en su lugar agradecí no llamar la atención.   Di un pequeño brinco al sentir la mano de Mariano sobre mi cintura para guiarme hacia el ascensor. Temía cada segundo estar malinterpretando sus acciones. Rogué interiormente para acostumbrarme, no era él. Sino yo quien no estaba acostumbrada a la cercanía de un hombre y desde ayer Mariano era el único para mí.   —¿Quieres un café o algo de comer? —preguntó. Luego de unos minutos de haber llegado a la oficina.   —Gracias, pero estoy muy nerviosa, dudo que algún alimento o líquido pueda bajar por mi garganta ahora mismo. Me gustaría iniciar con mi trabajo, estoy deseosa de aprender —dije para quitarme esta sensación de mi pecho.   —No es un trabajo difícil Alondra, sé que aprenderás rápido no tengo ninguna duda; pero si mucha fe en ti —sus palabras como siempre tenían el poder de hacerme sentir especial y vulnerable a la vez.   —Gracias, estoy deseando no defraudarte —sonreí, pues no sabía qué otra cosa hacer. Amablemente me enseñó la oficina. No me había dado cuenta que estaba decorada de la misma manera que la biblioteca de su casa. El escritorio de madera color ébano oscuro, las estanterías adornadas con diversos libros perfectamente colocados, las sillas en color n***o y un hermoso cuadro de las ruinas de Tikal en Petén.   —El baño, para cuando necesites utilizarlo. Normalmente siempre tengo conmigo un traje adicional, nunca se sabe cuándo pueda surgir algún inconveniente o cita de trabajo de última hora. Te aconsejo estés preparada, irás a donde yo vaya —asentí tomando nota mental de todo lo que me indicaba. No era tan difícil, solo debía prestar atención a sus instrucciones y haría un buen trabajo.   —Entiendo, tendré en cuenta tus instrucciones —dije para hacerle saber que todo estaba siendo claro y que estaba comprendiendo sus palabras.   —Bien, mientras Rosa llega con la agenda ¿Podrías sacarle copia a este archivo? —pidió, asentí. Tomé la carpeta entre mis manos y me dirigí a donde estaba la fotocopiadora. No había usado una jamás en mi vida. Cuando estaba en mi primer año de universidad, utilizaba únicamente libros de pasta gruesa ¿Qué tan difícil podía ser utilizarla? No lo supe hasta que la tenía cerca. Abrí la tapa para colocar la hoja en el vidrió del escáner. Esto lo había visto y podía recordar, pero ¿Cómo le hacía, para que funcionara? Demoré lo que parecía ser una eternidad sin saber qué hacer.   —¿Qué sucede? —la voz de Mariano pegada a mi oído me causo un escalofrío por todo el cuerpo, me moví inquieta, solo para sentir algo duro pegado a mis glúteos, mis mejillas se calentaron al imaginarme lo que podía ser. Él estaba tan cerca de mi cuerpo, tanto que mi corazón palpitó con furia y sentí como mi femineidad se humedeció entre mis piernas.   —Yo… —no fui capaz de decir una sola palabra. Salí corriendo al baño, mientras mi cabeza preguntaba si esto ¿Era amor?
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