Mariano. Sentía el corazón desgarrado. Mi madre y hermana fueron el motor de mi vida. Tras la muerte de mi padre me ocupé de los negocios y del bufete pues como yo, él también había sido abogado. Mi padre me enseñó e instruyó en el camino de la ley y la justicia y convertí mi profesión en mi mayor pasión, incluso dejé las riendas de los negocios a terceros, pero siempre bajo mi estricta vigilancia. Cuando mi madre, de manera anónima, me hizo partícipe de todo esto sabía perfectamente lo que podía significar. Si ella no hubiese venido a mi casa a confesarme la verdad, eventualmente habría encontrado el hilo para dar con el responsable del crimen. Pero no fue el caso. Ella vino y me confesó la verdad en un momento de debilidad y porque seguramente la conciencia le remordía. No podía

