Emma se despertó tarde, se levantó sonriente recordando su noche de pasión con su esposo, se curó la herida y salió de la habitación, en el pasillo se cruzó con Jean. Jean: “¡buenos días señora!”. Emma: lo miró con cara de molestia, no respondió, iba a seguir su camino cuando le hablo. Jean: “no me mire con esa cara de pocos amigos”. Emma: “como quieres que lo mire, o debo aplaudirle por lo que hizo la otra noche”. Jean: avergonzado, sabía que había hecho mal, - “escúcheme un segundo señora, esa noche bebí demasiado, estaba maravillado por cómo se comportó con las otras mujeres, al observarla toda la noche con ese carisma que emanaba de usted, no aguante las ganas de besarla, en la mañana vi a su esposo y pensé que me iba a pegar”, - este sonrió, - “pero me fije que no le contó nada”.

