CAPÍTULO VEINTITRÉS

1874 Palabras

CAPÍTULO VEINTITRÉS Ceres sentía que, si continuaban yendo a la deriva, morirían. Ceres estaba segura de ello. O bien el sol las achicharraría o los depredadores vendrían a por ellas, al ver que Ceres ya no tenía fuerzas para enfrentarse a ellos. La pequeña barca tenía un pedazo de madera de deriva que podían usar como remo improvisado, pero parecía que no había ningún lugar al que remar. En cambio, se mecían como si fueran el juguete de algún niño, a merced del viento y las corrientes. Los labios de Ceres se le agrietaban por la sed mientras flotaban. Apenas tenía fuerzas para levantar la cabeza y echar un vistazo a la extensión de agua que alcanzaba el horizonte en todas direcciones. Oía que Eike se quejaba a su lado. La niña apenas estaba consciente ahora, pues a pesar de toda el ag

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