Davo le tendió la mano cuando ella pasó furiosa junto a ellos, pero ella se encogió de hombros. Ahora necesitaba estar sola. Necesitaba pensar. Y ellos tenían que arreglar sus vidas; no se había comprometido a hacer esto. - ¡Vuelve aquí!, - ordenó Davo al llegar a la puerta, abriéndola de par en par, deteniéndose un momento ante la ráfaga de aire helado que le golpeó en la cara. - ¡Quédate dentro! - Mike gritó mientras ella salía al frío. - No. La puerta de madera se cerró detrás de ella y se dirigió hacia la colina, hacia los matorrales, queriendo poner la mayor distancia posible entre ella y la cabaña. Oyó como Mike se revolvía contra Davo, pero mientras se alejaba a toda prisa, dejó atrás la discusión. Las conversaciones que había mantenido antes con ellos resonaban ahora en su cab

