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2201 Palabras

El auto se puso en marcha y mi cuerpo estaba completamente entumecido, pero mis manos temblaban sin poderlo evitar y ni hablar de mi acelerado corazón que al parecer reconoció a su dueño con solo oler aquella fragancia, me sentía tan, pero tan nerviosa, que mi mente se debatía en si tener miedo o calmarme por estar con la grata compañía de Aaron, el cuál no había mencionado ni una sola palabra desde que me subí, con engaños de mi madre, a su coche, si no fuera porque me conocía aquel aroma de memoria juraría que él no estaba a mi lado conduciendo. ¿A dónde me iba a llevar y a estas horas de la noche? No, más bien la pregunta era, ¿por qué mi madre se prestó para esto? ¿Y si me secuestra? Aunque aquella idea no sonaba nada mal. Faltaba una hora para media noche y me resultaba imposible

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