CAPÍTULO TRECE (EL CORAZÓN NO SE ROMPE PARA SIEMPRE)

2184 Palabras

El silencio dolía más que las palabras que no se dijeron. Ireland no se movió. Me sostuvo con la entereza de quien entiende el dolor ajeno. Con la ternura de quien no juzga. No me apuró. No intentó arreglar nada. Solo estuvo. —Te juro que pensé que iba a elegirme —dije entre sollozos—. Me lo prometió, Ire. Me dijo que lo íbamos a intentar. Creí que estaba listo. Ella me acarició el pelo con suavidad. —A veces la gente promete cosas que quiere creer en ese momento, pero hay otras cosas, decisiones tomadas—murmuró—. Y eso no es culpa tuya. —¿Y entonces por qué siento que sí lo es? —Porque te enamoraste. Y el amor nos hace responsables de cosas que no nos pertenecen. Me separé un poco y la miré a los ojos. Los tenía húmedos, también. Como si compartiera mi pena. —¿Sabes qué es lo peor

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