CAPÍTULO SETENTA Y CUATRO (LA AUSENCIA QUE DUELE)

3677 Palabras

No recuerdo cuánto tiempo estuve en el suelo de mi oficina, abrazada a mis propias rodillas, conteniendo un llanto que ya no tenía forma de detener. Solo sé que cuando me levanté, el atardecer teñía los ventanales de naranja y mi cuerpo se sentía como un campo de batalla abandonado. El maquillaje corrido, la garganta ardiendo, y las manos temblorosas, como si incluso ellas supieran que había cruzado un límite. Fui al baño. Me lavé la cara con agua fría, me miré al espejo y no reconocí lo que vi. No era solo tristeza. Era vergüenza. Era culpa. Era ese silencio tras una explosión en el que uno aún espera escuchar los escombros caer. No volví a mi escritorio. Recogí mis cosas y salí sin despedirme de nadie. No hubiera podido fingir ni un "hasta mañana". Esa noche, la ciudad me pareció más

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR