Víctor. Camino junto a mi amigo Benjamín y bufo con cansancio una vez más. ¿Cómo podía haber olvidado que hoy tenía un examen? ¿Dónde mierda tenía mi cabeza?
Lo que me ponía de más mal humor es que previamente ya tenía una mala nota en esa asignatura y no quería reprobar al final de semestre.
Mi mejor amigo suelta una carcajada a mi lado y luego niega con su cabeza de manera divertida.
—Con la siguiente nota podrás subir tu promedio, olvídate de esto —murmura.
—¡Lo tenía presente, no sé cómo lo olvidé! —me quejo.
Salimos del campus de Derecho y avanzamos por las calles con rumbo a la heladería más cercana. Benjamín tenía que pasar a buscar un encargo que su pequeña hermana le había hecho y a Maggy no se le podía negar nada.
Maggy era una niña muy tierna y amable, pero cuando le negaban una cosa podía convertirse en una criatura muy desagradable. Aunque eso se veía rara vez, porque Benjamín la consentía en todo.
—Tienes tu concentración en una linda pelirroja, eso es —comentó burlesco.
Omití mis comentarios al respecto, y no porque fuera cierto, sino porque no tenía ganas de limpiar mi imagen, que se vaya a la mierda si pensaba eso.
Además, había pasado casi una semana y no había vuelto a saber de Helen. Nunca intercambiamos números, por lo que en secreto estaba ansioso por verla en la Universidad y hablar con ella.
Entramos al local de helados y luego de unos segundos siento como mi amigo comenzaba a tensarse. Observo alrededor y mi humor comienza a mejorar cuando veo a Georgia sentada en una de las mesas junto a una chica que no reconozco.
“Un hombre exitoso siempre toma las oportunidades que se le presentan”, me animo a mí mismo.
Miro de reojo a Benjamín y sin dudarlo me encamino hacia la muchacha. Mi amigo hace una mueca, pero lo ignoro.
—Hola, Geo —saludo con simpatía.
—Hola —responde cortante. Arrugo las cejas con confusión, sin entender su actitud fría conmigo.
Noto que evidentemente no le agrada mi presencia ahí, por lo que sin rodeos saco mi teléfono del bolsillo y se lo extiendo de manera amable.
—¿Me darías el número de tu amiga Helen? —pregunto.
—No sé si ella quiere que tengas su número —me dice un poco confundida.
—¡Vamos! No le diré que tú me lo diste —hago un puchero con mis labios y luego me siento a su lado con toda la confianza del mundo.
—¿Qué haces? —me observa Georgia con recelo. Esta chica era muy tierna, del tipo que les gustaban a Benjamín, ahora entendía por qué el interés de mi amigo.
—No me iré hasta que me des el número de Helen —digo decidido.
Me acomodo mejor y alzo mi mano para llamar a Benjamín, para que se acerque a nosotros. Veo que ya tiene una bolsa en su mano, así que le hago una seña.
—¡No lo llames! —Georgia se alarma y abre su boca con espanto. La veo con confusión.
—A todo esto, ¿Me cuentas que está pasando entre ustedes? Benja no me ha contado nada… —digo. Por el comportamientos de ambos intuyo que algo no va bien.
Georgia me mira algo intimidada y se queda callada, sin nada para decir.
—No es de tu incumbencia —responde Benjamín una vez que llega hasta nosotros. Alzo una ceja hacia mi amigo, anotando mentalmente que debo hostigarlo hasta que me cuente que mierda pasa.
Suspiro y me resigno a que ninguno dirá nada. Miro al frente y la esquiva mirada de Fernanda me da la bienvenida. La reconozco de inmediato y no sé cómo se me pasó de largo el que ella estaba aquí junto a Georgia.
—Oh —murmuro algo fastidiado. No me agrada esta chica, para nada.
Trato de no enfocarme en mi desagrado hacia ella y la situación me parece muy divertida. Para Benjamín debe ser de lo más incómodo tener a su exnovia y a la chica que besó hace poco en un mismo sitio, y por lo que demostraban ambas, eran amigas.
Georgia evita mi mirada divertida y da un respingo cuando su teléfono comienza a sonar. Me observa con una sonrisa y luego de decir un par de cosas termina con la llamada.
—Helen viene en unos minutos —sonrío como un niño en Navidad y me apresuro a dirigirme a mi amigo.
—No sé tú, pero yo me quedaré aquí a esperar al amor de mi vida.
—¿Helen es tu nuevo juguete o qué? —pregunta Fernanda con aire de acusación. Arrugo las cejas y la veo con fastidio.
“¿Quién se creía esta tipa?”, pienso.
—¿Te importa? —pregunto a la defensiva.
—Sí, no quiero que juegues con ella como sueles hacerlo —dice.
Benjamín toma mi hombro para llamar mi atención y habla algo incómodo.
—Me voy a casa, luego me llamas —dice. Dicho esto se da media vuelta y sale del local.
Intento hurgar un poco en lo que había pasado entre mi amigo y esta adorable chica, pero ella no quiere hablar del tema. Me resigno, viendo como única posibilidad hablar con mi amigo
Me encontraba muy nervioso, porque no sabía cómo iba a reaccionar Helen cuando me viera con sus amigas. Mis nervios se esfumaron cuando la vi entrar en el local con ese típico aire suyo de ser la puta ama del mundo.
Se veía hermosa.
—¿Qué hace él aquí? —le pregunta a Georgia con una extraña, pero adorable mueca en los labios.
—Hola, guapa. Te estábamos esperando —saludo con una sonrisa traviesa. Helen evade mi mirada y observa fijamente a su amiga a mi lado.
—Quería tu número telefónico…—se excusa Georgia con una sonrisa tímida.
—Joder ¿Tan inolvidable soy? —Helen me observa con diversión. Muerdo mi labio inferior y alzo una ceja.
—El otro día se te quedó un aro en mi cama y quería devolvértelo —digo mintiendo.
—Gracias por sacarme en cara que tuvimos sexo después de la fiesta, pero no utilizo aros —se queja. Me río levemente, porque con tan solo escuchar la palabra “sexo” salir de sus labios, algo se enciende en mí.
—Oh, quizá no era tuyo —digo con aire distraído.
Y claro que no era suyo, de hecho aquel aro no existía, pero solo quería fastidiarla un poco.
Helen rueda los ojos y bufa con fastidio.
—Claro, Rey del sexo —dice despectivamente.
—Me gusta que lo reconozcas —respondo con diversión. A mi lado puedo sentir la suave risa de Georgia y caigo en cuenta de que no estamos solos en el lugar.
Por un momento me perdí en Helen y olvidé lo que estaba a mi alrededor.
—¡Deja de ser tan estúpido! Lo decía irónicamente —le guiño un ojo y sonrío aún más, sin poder dejar de verla, porque se ve hermosa y quiero besarla.
—Claro, sigue repitiéndote eso cada noche, para que dejes de pensar en mí estando entre tus piernas y… —le digo, para provocarla.
—¡Para! —Helen emite una risotada y niega con la cabeza, interrumpiéndome.
—Eso no es lo que me decías…
—Oye, no te pongas idiota y bájale dos cambios a tu ego masculino —me interrumpe con fastidio.
—Hoy te ves muy guapa —murmuro con la voz un tanto ronca. Helen ignora mi comentario y desvía la mirada.
¿La había avergonzado? Joder, tenía que reconocer que me ponía mucho verla enojada.
Georgia se levanta de pronto, junto a Fernanda y abandonan el local con la excusa de tener que hacer algo. Helen me mira con recelo y pasa una mano por su cabello.
—¿Por qué querías verme? —pregunta curiosa.
—Quería tu número, fue un plus el verte —reconozco—. Se lo pedí a Georgia y no quiso dármelo.
Ella hace una mueca y se cruza de brazos. Me tomo el tiempo de reparar en su vestuario y me sorprendo a mi mismo al darme cuenta que amaba el estilo que ella tenía para vestirse.
Camisas a cuadros y jeans rotos.
—¿No te dieron mi número? —se burla y alza una ceja en mi dirección.
—No, esperaba que tú me lo des —le digo con una sonrisa amplia.
—Solo si prometes que no tendremos sexo en tu casa cuando esté tu madre. Me odia.
Le sonrío y la imagen mental de nosotros teniendo sexo llega a mi cabeza en menos de un segundo.
Asiento con la cabeza y le extiendo mi celular. Observo como ella registra su número.
—Te llamo en la noche —murmuro. Helen se coloca de pie y sonríe con picardía.
—Claro que lo harás —susurra con un aire travieso. Me guiña un ojo y abandona la heladería.
Me quedo observando como se aleja y sonrío, porque creo tener alguna oportunidad nueva con ella.
(…)
“¿Qué les pasaba a todas las chicas conmigo?”, me cuestiono.
Realmente comenzaba a pensar que ellas creían que yo era uno de esos playboys literarios que ellas amaban y odiaban al mismo tiempo. Desde hace unos días una niña me había comenzado a hablar por i********: y cada vez me hacía comentarios diciendo lo “misterioso” que yo era y que le encantaría descubrir mis demonios para enamorarse de ellos.
Dios mío.
No era la primera que vienen diciéndome tales cosas y no sé de dónde sacan esas estupideces. Yo no soy un chico misterioso, para nada.
Bufo ignorando el mensaje de la chica y abro w******p para enviarle un mensaje a Helen.
“Hola amorcito, ¿Cómo estás?”
Le doy al botón enviar y espero su respuesta, pero esta no llega. Lo que si me llega es una invitación a beber por parte de mis compañeros de carrera, la que acepto gustoso.
Salgo de casa y me dirijo al bar en dónde estarían mis compañeros. Al llegar, me sorprendo al notar que todos los malditos estaban emparejados y yo era el único solo.
—La rubia de la esquina es para ti —me habla uno de los chicos en voz baja. Arrugo las cejas hacia él, no entendiendo su comentario.
—¿Por qué hablas de ella como si fuera un objeto? Me siento como en un matrimonio arreglado, de esos de la época de mi Tatarabuela.
Él agita su mano restándole importancia y le guiñó un ojo a la chica que estaba a su lado.
La rubia que se supone estaba destinada a mí, me mira con cierta incomodidad y no es para menos. Me coloco de pie y me dirijo a la barra del bar, porque ya era necesario que comience a beber, quería distraerme y no pensar en que Helen no contestaba mi mensaje.
Por otra parte, no me gustaba eso, que trataran a las mujeres como si fueran objetos y las emparejaran como si se tratara de nuestras mascotas. Si tenía sexo con una chica, era porque ambos lo queríamos, no porque nos habían emparejado antes
¡Dios, no éramos perros!
Le pido una cerveza al barman y me siento frente a la barra para esperar por mi botella. Tomo mi teléfono para revisar si Helen había respondido mi mensaje, pero eso aún no sucedía.
—Uh, así que si me hablaste.
Doy un respingo al sentir aquel susurro en mi oído. Me giro en mi lugar y me topo con algo hermoso para mis ojos:
Helen Keim.
—No me has respondido, rojita —digo con fingida molestia.
—No he revisado mi teléfono —sonríe y acomoda su cabello. No sé si era consciente del efecto que eso tenía sobre mí, pero podría apostar que si era muy consciente de que se veía malditamente sexy con aquel corto vestido n***o entallado a su cuerpo.
—Te ves… muy bien —murmuro hacia ella y le guiño un ojo.
Helen arruga su nariz y se encoje de hombros algo incomoda. No se veía mal, claro que no, pero no era ella, su estilo.
—Es bueno encontrarte, porque necesito ayuda —menciona algo incómoda.
—¿Ayuda con qué? —pregunto con una doble intención. El barman deja la cerveza que pedí frente a mí y la tomo para beber un sorbo.
—Solo promete que me ayudarás y que no le dirás a nadie lo que pasará.
Helen desvía la mirada y muerde su labio inferior a la espera de mi respuesta, pero no paso por alto que en realidad ella no tenía mucha fe en que yo la ayudaría.
—Lo que tú quieras, Helen —contesto con seriedad. Esto ya no era coqueteo, o eso me hacía ver ella.
—Gracias…—susurra. Puedo ver real agradecimiento en sus ojos, lo que me agrada.
(…)
No sé qué tramaba esta chica, pero se estaba comportando de una extraña manera.
—¿A dónde vamos exactamente? —cuestiono con curiosidad. Helen se encoje de hombros y saca su teléfono de la pequeña cartera que traía colgando por sus hombros.
La siento muy tensa a mi lado, pero evito comentarios al respecto, porque esto me daba mala espina.
—Dice que en el tercer piso, a mano derecha hay una puerta con una placa en la entrada —rueda los ojos con fastidio y gruñe.
Su gruñido se filtra por mis oídos y me provoca un escalofrío en todo el cuerpo.
“Vamos hombre, no es momento para calentarte”, me reprocho.
—Ya, pero aquí no hay ninguna puerta —aseguro.
No estaba seguro de nada, nunca había subido hasta aquí. Mi limite era la barra y las mesas, no sabía que el bar tuviera tres pisos.
—¿Por qué no llamas y preguntas? —cuestiono.
—No puedo hacer eso —señala—. Debo verme como una persona segura, no como una niña que necesita guías para encontrar una puta dirección —entorna los ojos y maldice en voz baja.
Sonrío sin querer y la observo totalmente embobado.
Un hombre de aspecto maligno sube por la misma escalera que hemos utilizado anteriormente y nos observa con recelo. Helen le da una linda sonrisa y coloca su espalda de manera recta.
—¿Necesitas algo, preciosa? —le pregunta él con un guiño.
“Que puto asco”, pienso.
—Busco a Damián —menciona ella con seguridad. La observo de reojo sin saber que hacer, no entiendo nada de lo que pasa.
—Por aquí, sígueme —se acerca a Helen y le extiende su brazo de manera amable. Ella le sonríe de una manera tan linda y niega con su cabeza.
—Traigo a mi jefe conmigo —murmura ella. Me mira fijamente y enlaza su mano con la mía.
El hombre se encoge de hombros y nos hace una seña para que lo sigamos.
—¿Qué se supone que haces? —le susurro en voz baja, lo más cerca que puedo de su oído.
—Solo sígueme la corriente —responde en el mismo tono.
—Dime que está pasando —le exijo tirando su mano hacia mí, solo para que me preste atención.
Ella me da una mala mirada y niega con la cabeza. El contacto de su mano entre la mía me hace enloquecer, pero intento controlarme.
—Pasen —señala el hombre con una mueca hacia una puerta que está abierta para nosotros.
Observo a Helen con los ojos abiertos de par en par al ver el lugar en el que nos encontramos.
Un hombre mayor rodeado de cuatro chicas con muy poca ropa. Un fuerte olor a marihuana y tres tipos frente a un televisor, mirando porno.
“¿Dónde me metiste, Helen?”, me cuestiono.
HOLAAAAA Gracias por seguir aquí, como les comenté anteriormente, estoy intentando poder darles 3 capítulos en la semana. Por lo mismo, tendremos otro capítulo este día Domingo 11 de Abril. ¡Espero que les guste mucho esta historia! Capítulo dedicado a Lendali Martinez, por ser tan fiel a mis actualizaciones. CARIÑOS A TODAS, LAS ADOROOO.