En ese momento, los ojos de Auster Mu estaban fijos en ella; incluso, había un brillo muy peligroso en la profundidad de su mirada. Sin embargo, ver esa mirada en Auster, a Jaycee le emocionó muchísimo; pues parecía que finalmente, había funcionado el perfume. Incluso hubo un ligero rubor en el rostro del hombre y sus ojos comenzaron a arder al mirarla. "Sr. Mu, ¿no se siente bien? Si desea puedo conducir, de esa forma, usted puede descansar un poco”, dijo Jaycee mientras se acercaba un poco más a él. Luego, inclinando la parte superior de su cuerpo, levantó su débil muñeca y la acercó a la frente caliente de aquel hombre. "¡Tú…!", dijo Auster Mu, quien agarró con fuerza su delgada muñeca y la miró con frialdad. Cuando se acercó la cálida mano de la mujer, Auster Mu no pud

