LAS INJUSTICIAS

2028 Palabras
Entonces mi tío Fermín dijo: .— Pero cuando tú te fuiste, nuestro padre enfermó, y él hipotecó la casa, para costear su enfermedad, y la casa, la perdimos en medio de la enfermedad de nuestro padre, y cuando papá murió, nosotros quedamos totalmente arruinados, y luego comenzamos a trabajar muy duro, viajábamos para buscar créditos, para levantar primero la c********a, y después la charcutería, no teníamos dinero para enviar a nuestros hijos al colegio, esos lo vivimos nosotros, mientras tú te dabas la gran vida en Venezuela Mi padre lo interrumpió y dijo: .— Mira Fermín, todo lo que estás diciendo no tiene sentido, yo me fui a Venezuela, sacrificando la vida y el bienestar que mis hijos tenían aquí. Me fui a otro país, aventurando si me iba bien o me iba mal. Todo este sacrificio, lo hice, no solo yo, sino también nuestro hermano Pablo y nuestra hermana Estela. Para evitar la quiebra total de los negocios de la familia. Yo comencé vendiendo billetes de lotería. En la casa donde vivimos al llegar a Venezuela, no tenía peseta de baño, sino una letrina, donde mi esposa y mis hijos, hacían sus necesidades, fue un cambio de vida total, los primeros meses en ese país. No lo olvides Nunca Fermín, expuse mi vida, la vida de mi esposa, y la vida de mis hijos, mudándome a otro país, solo para salvar la economía de los negocios familiares. Cristóbal dijo: .— Mira lo mal que te ha ido, que vienes a Colombia con toda tu familia, y te hospedas en el mejor hotel de la ciudad. Y todavía te quejas, dices que te fue mal. Regrésate a ese país de donde llegaste, y quédate tranquilo allá, y no vengas a buscar problemas aquí. Mi padre les hizo una afirmación diciendo: .— Yo acepto, que todo el bienestar que han vivido a cuenta de la empresa familiar, sea la ganancia de ustedes, pero lo que nunca voy a aceptar, es que se quieran quedar con los bienes familiares, que dejo nuestro padre, para el disfrute de todos sus hijos. Yo corrí con suerte y me fue bien en Venezuela, pero Pablo y Estela, pasan necesidades hasta el día de hoy. Pero no olviden esto nunca. Todos somos hijos del mismo padre y de la misma madre, así que todos somos herederos por partes iguales. Fermín le dijo: .— Muel, No vayas a perder tiempo y dinero, queriendo poner un abogado para que nos quiten el dinero, fruto de nuestro trabajo, porque todo lo que ves, y lo que no vez, ya tiene nuevos dueños. Ya todo está bien documentado. Diles a Pablo y a Estela, que vengan, que les voy a hacer un regalo, y si tú necesitas algo, dímelo, y yo te puedo hacer un regalo a ti también. Mi padre les advirtió: .— Bueno, listo, prepárense, voy a ayudar a mis dos hermanos necesitados, recuperándoles la herencia pérdida. Nos vemos pronto, busquen un buen abogado, porque desde hoy les advierto, que ya tienen el pleito perdido. Mi padre dio media vuelta, y comenzó a caminar, y todos nosotros hicimos lo mismo que hizo nuestro padre. Caminamos tres cuadras, mi padre y mi madre iban adelante, y nosotros atrás. Había un fuerte silencio, y ninguno de nosotros se atrevía hablar, pasó un taxi y lo paramos, nos embarcamos algunos de nosotros, y nos fuimos al hotel, mientras los que se quedaron tomaban otro taxi. Cuando llegamos al hotel, estábamos tan estresados, que entramos a la habitación, y nos quedamos dormidos. Al día siguiente, nos levantamos muy temprano, era el día de regreso a Venezuela. A las 6:30 am, ya mi padre estaba tocando la puerta del cuarto, a las 7:00 am, estaba vestido listo para salir. Y entrando en la habitación de los hijos varones dijo: .- Necesito a dos de ustedes que me acompañen hacer una vuelta. Mi hermano Sami y yo, nos apresuramos para estar listos y así poder acompañar a nuestro padre, mi padre también entro en la habitación de mis hermanas, y pidió la compañía de dos de ellas. Mientras nosotros acompañábamos a nuestro padre hacer la vuelta, mi madre y mis hermanos que se quedaron en el hotel, ayudaban a preparar todos los equipajes. Salimos del hotel, mi padre y sus cuatro hijos, íbamos rumbo al hotel Doral. Llegados al hotel Doral, fuimos directamente a visitar a la familia necesitada que vivía al lado del hotel. Cuando llegamos había una reunión no pequeña, con los dueños del hotel Doral, y los hermanos del hombre enfermo que vivía con su esposa allí. En el lugar estaban 2 fiscales públicos, varios policías, dos abogados, y un registrador del estado. Nosotros llegamos a pensar cosas, de lo que podía estar pasando allí, pero ninguno nos imaginamos lo que realmente sucedía. Nos quedamos allí parados con la intención de saber que era lo que ocurría allí. Uno de los abogados hablo y dijo: .— Sabemos el valor de estas tierras, y la hemos ofrecido al consorcio del hotel Doral, siendo que han sido los mejores postores, decidimos hacer pública, la compra venta de este terreno. Uno de los fiscales público dijo: .— Si las dos partes están de acuerdo, entonces no hay más que hacer, vamos al registro público, para firmar los documentos pertinentes. Uno de los hermanos del viejito dijo: .— La venta simple es de cincuenta mil dólares americanos, eso deben pagarlo ahora mismo, y la venta que vamos a firmar es de veinte mil dólares americanos, que esos se van a pagar al abogado en el momento de la firma. El dueño del hotel respondió: .— Es correcto, así fue lo acordado, vamos a mi camioneta para que finalicemos el contrato. Mi padre dijo: .— Señores, ¿Puedo hacer dos preguntas? Sorprendido, y con un tono de voz agresiva, dijo un fiscal: .- ¡Disculpe, no lo conozco! ¿Quién es usted, y que tienes que ver con este negocio? Uno de los hermanos del viejito, interrumpió y dijo: .— ¡Yo tampoco sé quien es! ¡Nunca en mi vida lo he visto! Mi padre en una posición un poca arriesgada dijo: .- ¡tú nunca me has visto, porque nunca visitabas a tu hermano! ¡Porque si tan siquiera una vez, en esta semana, de la tragedia, hubieses visitado a tu hermano, me hubieses visto aquí con él! El fiscal más molesto aún dijo: .— ¡Usted no ha contestado mi pregunta! Le repito; ¿Quién es usted, y que tiene que ver con este negocio? Responda. Mi padre respiro profundo, para calmarse y dijo: .— ¿Es obligado, decir quién soy yo? ¿Por qué? ¿Por qué podría ser un simple ciudadano, o el hermano del presidente de la República de Colombia, o posiblemente ser un militar de alto rango? ¿Eso me hace acaso diferente ciudadano, para ganarme el respeto y la oportunidad de hacer una simple pregunta? Los abogados, los fiscales, los policías, los hermanos del viejito, y los dueños del hotel, se retiraron un poco y hablaron entre ellos por un rato. Nosotros pensábamos que se podían ir y dejarnos parados allí. Pero no ocurrió así. Si no que regresaron, y con un tono de voz, más modelada, con más respeto, El abogado le dijo a mi padre: .— Ok ciudadano, diga su nombre y apellido, y luego haga las preguntas que quiera hacer. Mi padre vio que tomó un poco de ventaja en la discusión, que ellos se atemorizaron un poco por las respuestas de él. Y pensó por un momento la próxima respuesta que iba a dar, y se acordó de repente, de Julio Cesar Turbay Ayala, el entonces presidente de Colombia. Y respondiendo mi padre les dijo: .— Así cambia un poco el ambiente de esta conversación. Mi nombre es; José Turbay, y mi primera pregunta es: ¿Quién es el propietario de este valioso terreno? El abogado respondió: .— El propietario no está aquí presente, porque no puede mover su cuerpo por un accidente que tuvo. Y en representación del propietario tenemos aquí a dos de sus hermanos. Y vistas las circunstancias, hemos decidido hacer público la venta del terreno. Mi padre le dijo: .— Pero si el propietario no está en condiciones de vender, entonces los herederos podrán realizar el negocio de venta. Pregunto; ¿Este terreno tiene herederos? El abogado respondió: .— Obvio, usted sabe que si tiene herederos, y también sabe que son menores de edad y no pueden hacer negocios. Señor las preguntas que usted hace, son innecesarias, porque todos conocemos las respuestas. Mi padre le responde: .— Estoy muy asombrado que usted sepa que los herederos son menores de edad. ¿Cómo esos menores de edad van a firmar el documento de venta, si legalmente no lo pueden hacer? El abogado le dijo: .— Señor, ya el dueño del terreno firmo la venta. Y fin de la conversación. Porque estamos retrasados, para firmar los documentos. Mi padre le dijo: .— Permítame una pregunta; ¿Cómo firmó el documento ese viejito que no puede mover su cuerpo? No se metan en futuros problemas, déjenle esa casa a sus herederos, y cuando ellos cumplan la mayoría de edad, entonces ellos sabrán qué hacer con ese terreno. Molesto uno de los hermanos del viejito le dijo a mi padre: .- ¡Si no vendemos la casa, se muere nuestro hermano, y será mucho peor, así que le pido, no se meta en asuntos que no le concierne! Mi padre respondió: .— Es verdad, ustedes están apurados, y yo también, pero les digo algo, voy a seguir de cerca este negocio oscuro. Cuando ya nos íbamos, un policía se le acercó a mi padre y le dijo: .— Mire don José, mejor quédese tranquilo, mire que en este negocio hay mucho dinero de por medio. No se haga el bruto, sea inteligente. Mi padre le dijo: .— Bueno listo, gracias por el consejo hermano. Salidos de esa tensa reunión, tomamos un taxi, pero mi padre por precaución, no le dijo al taxista que íbamos al hotel Hilton, sino que fuimos a otro lugar, y al bajarnos en ese lugar mi hermano Sami le pregunto a mi padre: .— Padre, ¿Por qué hemos venido aquí? Mi padre le respondió: .— Lo hice por precaución. Por si acaso nos seguían. Vamos a entrar un rato a este centro comercial, y nos comemos unos helados, y después nos vamos al hotel. Entramos al centro comercial, y caminamos un rato, y luego nos comimos los helados, y después de una hora, no fuimos al Hilton. Cuando llegamos al hotel, mi padre les contó a todos lo que nos había ocurrido en la mañana, después de descansar un poco, bajamos al restaurante del hotel, y fuimos a comer nuestro último almuerzo en ese hotel. Ese almuerzo fue el más largo de todos los almuerzos en ese viaje, Peter estuvo todo el tiempo con nosotros, no dio, dos rondas de postres, y él también comió con nosotros. Allí me di cuenta de que si estaba interesado por la Nena, que no era un juego. Peter estaba tan desesperado, porque sabía que esa noche nos íbamos del hotel, que no dejaba de mirar a la Nena. Pero mi padre, como era un gallo jugado, él sabía lo que Peter se traía entre mano. Entonces mi padre le pregunta a Peter: .— Peter, ¿Por qué miras tanto a la nena? Tengo rato observándote como la miras, y como te mira ella a ti. El color del rostro le cambio a Peter, se puso de color rojo, bajó la mirada, porque la pregunta le causó mucha pena, tomo un poco de aire, trago seco, Y le respondió a mi padre: .— No es nada malo Don José, es solo algo natural, cosas que nos pasan a los hombres en la vida. Si en algo le he faltado le pido me perdone. Mi padre, queriéndolo acorralar con preguntas le dijo: .-
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