Diez minutos más tarde… Mikhail, el Batushka, se encontraba en la puerta de la mansión con Yaroslav despidiéndole. Sin embargo, una súbita realización había golpeado al clérigo como un escalofrío que le recorrió la espina dorsal: si Absalón, quien dominaba también conocimientos de la brujería y magia n£gra, si descubría que el Batushka le estaba realizando un ritual "bajo" a Saleema sin su consentimiento, las consecuencias podrían ser devastadoras. En el fondo de su ser, aquel religioso le temía a Absalón. No era un miedo ordinario, era el terror visceral que sentía hacia la furia de su discípulo, aquella que desde niño había estado íntimamente ligada con la muerte y que ahora, como adulto y aparentemente enamorado de esa muchacha, podría desatarse contra él con consecuencias inimaginabl

