Capítulo 147. La última orden

3590 Palabras

El rugido de los motores de los aviones privados resonaba en el estacionamiento mientras una risa áspera atravesaba el teléfono, una risa que llevaba años de negocios sucios y favores mutuos. ―Jajajaja. Por el culo te voy a meter también una bomba―las palabras tenían un tono que mezclaba amenaza y camaradería—. Y vaya, que sorpresa, ahora eres un hombre casado, cuando vengas a acá preséntame a esa pobre víctima. —Si te la presentaré. —Y por cierto, me imagino que me traerás un buen billete, sabes que no recibo visitas de gratis, Kravchenko. Absalón ajustó su reloj de oro macizo, y le respondió con la tranquilidad de quien ha movido fortunas suficientes para comprar países pequeños o islas: ―Sí, ya los tengo. 95 millones como te dije. ―Excelente, te esperaré―comentó su "amienemigo".

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