Se le había ordenado, por mandato de su señor, vestirse en el avión privado. Había sido un poco incómodo pero lo había logrado. Ahora usaba un vestido de terciopelo vino tinto que se ajustaba a su cuerpo con mangas largas y una falda de sirena con un corte lateral para el movimiento, el escote pronunciado acababa sobre su ombligo y el cabello lo dejó suelto diviendolo a la mitad en dos partes perfectas. Maquilló su rostro como Francis le enseñó y pintó sus labios de rojo rompiendo las reglas un poco, porque así era ella. En su mano, el anillo que Jordan le había dado pesaba y se calzó sandalias negras que, gracias a Dios, no eran tan altas. -Estamos por aterrizar, señora- avisó la azafata tocando la puerta del baño y ella suspiró aplicando mucho perfume sobre su cuerpo. Salió y tomó su b
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