Capítulo 12

2620 Palabras
Llego a casa y veo que tanto mi padre como Valentina salieron. La camioneta no está estacionada y la comida está a medio hacer, con suerte apenas apagaron la estufa. Me asomo a una cacerola, el interior tiene algo extraño que desprende un olor a quemado. Si eso se supone que es lo que comeríamos hoy, supongo que lo daremos por perdido. Tomo la cacerola por el mango y lo tiro a la basura. Saco del congelador un paquete de macarrones con queso para calentarlo y comer. De por sí soy mala cocinando, no tengo ganas de ponerme a preparar algo que seguramente terminará con sabor rancio. Prendo el microondas y espero, paciente, a que la comida esté lista. Me acerco al frutero y veo la perfectamente alineada pila de manzanas, vaya, Valentina debió tardarse mucho en arreglar eso. Solo para molestar, tomo una de las de en medio y la saco con fuerza. La pila se cae, pero vuelvo a acomodar todo en su lugar. Estoy idiota, las manzanas se golpean. Estoy acomodándolas, cuando una de ellas resbala de mi mano y se cae. Rueda por el suelo hasta ir a dar al espacio que hay entre la estufa y la tarja. Ugh, me debato entre recuperar la manzana o dejarla ahí hasta que se desintegre hasta el fin de los tiempos. No quiero meter la mano ahí y encontrarme con que una araña violinista me mordió y solo me quedan dos horas de vida o algo así. Al final decido recoger la manzana, después de todo, si la dejo, los animales como los ratones serán atraídos y no quiero matar a Valentina de un infarto. Cierro los ojos, meto la mano en la abertura y al sentir algo duro, lo tomo rápidamente. Pero lo duro no tiene textura de manzana, es como algo de madera y en lugar de ser redondo, parece una estructura cuadrada. Abro los ojos y me encuentro con una caja de madera de gran tamaño con algo de polvo en la tapa. Olovorgo, ¿esto qué carajo es? Levanto la tapa y me encuentro con un brillante y hermoso anillo, es un ejemplar idéntico al que tengo en la mano izquierda. Me quedo mirando como boba. El diamante superior mide lo mismo, resplandecen igual y el oro blanco luce similar. Sinceramente, si me pusieran los dos enfrente, no sabría distinguir entre uno y otro. Mi mente inmediatamente vuela a Valentina. Ella fue quien me dio el anillo, ella fue quien aseguró que lo correcto sería que yo tuviera esa pieza. ¿Y ahora resulta que hay dos ejemplares? Miren, no dudo que ambos sean originales y no una falsificación. Mi papá con sus mil negocios y todo el dinero que tiene se puede permitir hacer uno igual al que le compró a mi madre con el dinero de su sueldo de policía. ¿Lo hicieron solo para que me quedara con uno? No, no tiene sentido porque entonces no tendría por qué estar escondido en un lugar que nadie, más que por accidente, encontraría. Bien, ahora tengo dos opciones: Voy al centro comercial donde puedo preguntarle a un experto en joyería o me quedo aquí parada actuando como estúpida. Me voy por la segunda opción. Rápidamente, saco la manzana del lugar feo ese y la acomodo. Tomo el anillo del interior de la caja y lo guardo en una bolsa en el interior de mi mochila. Saco los macarrones con queso del microondas y comienzo a comerlos mientras enciendo la computadora y le echo otro vistazo a los archivos de la memoria. Me salto los perfiles de las chicas halladas en el bar y me voy directo a los sospechosos. Miren, yo no tengo idea de qué pasa aquí. Solo sé que mi papá me obligó a regresar a Sores porque se quiere casar con una tipa llamada Valentina que no sé a qué se dedica ni sé de dónde salió, pero que al parecer la ama. Aparte, esa tipa se encuentra con un matón cuya ocupación es organizar carreras ilegales, el tipo ese le debe dinero o algo así porque eso dijo el día que vino a mi casa. Por si fuera poco, otro imbécil vino a buscar a Valentina otro día y mi papá tuvo que correrlo de aquí. Así que sí, espero encontrarme la fotografía de Valentina dentro de ese archivo de sospechosos. Y en caso de que no esté ella, al menos debería estar Gustavo, vamos, ese tipo tiene toda la pinta de ser un criminal. Paso las hojas, paso las fotografías y no encuentro algún conocido. Estoy por darme por vencida, cuando llego a la penúltima página. En la pantalla veo la imagen de alguien que me es totalmente conocido. Esa mirada jamás la voy a olvidar, esos labios son imposibles de pasar por alto y el cabello rubio en cualquier parte lo podría reconocer. Elisa me mira de frente y directamente a los ojos. La fotografía tiene que ser algo reciente, tal vez de hace seis meses cuando mucho porque el cabello es del mismo largo. Bajo su fotografía está el nombre completo de mi ex mejor amiga, su edad, su lugar de nacimiento y residencia, aparte de otros datos sobre su descripción física. ¿De dónde habrán sacado la foto? No parece estar detenida, pero tampoco es una imagen de alguien que está ahí por casualidad. Miro bien la ropa que trae, esa blusa color vino siento que la he visto en algún lugar. ¡Claro que sí! Esa blusa la traía ella el día que la encontré llorando en el baño. Eso es reciente y un hecho es que la foto para la revista de la universidad de este semestre no se ha tomado, lo que quiere decir que seguramente esa foto es la del semestre pasado. ¿Y cómo es que llegó esa foto hasta aquí? ¿Quién tomo la revista del semestre pasado? Ay, no tengo idea de nada. Elisa es sospechosa de haber participado activamente en una red de trata de personas. ¡Elisa! La niña que lloraba porque sus papás no querían comprarle zapatos nuevos. Oh, no, eso está muy jodido. Paso a la siguiente página y veo la fotografía de una servilleta que tiene escrito con tinta negra una dirección y justo al lado una carita feliz. No me parece conocida, así que la busco en el GPS y me aparece un lugar hallado en la capital del país. El lugar es una casa con pintura desgastada, arbustos resecos y una cerca de madera. ¿Se supone que Elisa escribió esa dirección? No parece su caligrafía, ella escribe bonito y entendible, esta letra es entendible, pero parece algo más... ¿Feo? Tendré que echarle un vistazo a sus apuntes. Debajo de las imágenes está escrito: "Reconocida y denunciada por víctima anónima rescatada. Reconocimiento visual, confiable." Víctima anónima. Ya veo, supongo que fue una de esas chicas que rescataron meses atrás, en el bar. Mi pregunta es, ¿cómo dieron con ella si lo que pasó fue en Estrada y ella estaba aquí? Aparte, las chicas ya tenían mucho tiempo secuestradas por lo que Elisa debió contactarlas o verlas mucho tiempo atrás cómo en el último año de preparatoria y si no, en primer semestre de universidad. De golpe se me viene a la cabeza la idea de cómo pudieron dar con ella. Sus huellas debían estar en el archivo porque una vez se peleó con una policía cuando esta quiso multarla por quién sabe qué excusa. Por suerte, mi padre impidió que levantaran cargos, pero sus huellas, su descripción y su nombre ya estaban en el sistema. Oh, dios. Nunca busquen donde no los llaman, a veces es mejor no enterarse de nada. Escucho el sonido de un automóvil llegar a la entrada. Rápidamente cierro todas las ventanas que tengo abiertas y saco la memoria para guardarla en mi mochila. Cierro mi computadora portátil y rápidamente brinco a la cocina para lavar mi plato sucio. Mi padre y Valentina me encuentran lavando, se ve tan natural que estoy segura no levanto ni una sospecha. —Di, ven rápido, quiero decirte algo sobre la boda. ¿La boda? ¿Cuál boda? Hace dos semanas aún ni había fecha. Me seco las manos con un trapo que hay cerca y voy con mi papá. —Sé que todo esto es precipitado, pero eres un adulto y puedes entender —mi padre besa la mano de Valentina—. Pensábamos esperar hasta que se vendiera la casa y todo quedara en orden, pero hemos decidido que habrá boda pronto. Su puta madre y que me perdone la abuela a quien no veo hace años, pero que no me jodan, esto ya es demasiado. Si al principio desconfiaba de Valentina, ahora todavía más. No, no, no. Algo está mal con esa señora, no puedo permitir que se lleve a papá con ella. —Tienes razón, papá —digo con calma—. Es precipitado, no me parece buena idea. Aparte, ¿no crees que también tengo voz y voto en esto? A mamá no le gustaría esto. El cambio en mi padre es radical, la pasividad que lo caracterizó estas últimas semanas se evapora y da paso a una ira que jamás vi en él. —Tu madre, mi exesposa, está muerta —dice y sus ojos son dagas—. Su cuerpo está metros bajo tierra y su alma ya no está con nosotros. Tengo derecho a rehacer mi vida tanto como tú. No me chantajees con comentarios de tu madre. La boda será en un mes, espero contar con tu apoyo. Me quedo helada ante tal muestra de agresividad verbal. Sí, mi padre me ha regañado anteriormente, pero nunca se mostró tan enfadado. Valentina me sonríe con empatía, casi parece apenada. Por un minúsculo segundo, siento agradecimiento hacia ella, entonces recuerdo que esconde algo y se me pasa. Adopto una actitud digna, tomo mi mochila y salgo de mi casa con destino al centro comercial. Después de ver la forma en que mi padre me habló, una parte de mí quiere dejarlo con Valentina ya a la v***a. Me preocupo por él y me agradece haciéndome sentir mal. Dudo mucho que él esté enterado de que Valentina no es quien dice ser, pues el amor a veces te ciega, pero para eso estoy yo. Prometí mantenerme alejada de cualquier situación riesgosa que involucre la posibilidad de morir, pero se trata de mi padre y sé que esa bruja lo manipula. Después de veinte minutos, llego al centro comercial. Dado que es miércoles por la tarde, el centro está poco concurrido. Me encamino hacia la joyería, hace mucho tiempo fui después de cumplir quince años. Mi mamá quería hacerme un regalo especial y yo accedí. Nunca fui fanática de las joyas ni de los objetos brillantes, pero justo en esas vacaciones perdí mi virginidad con un chico a quién conocí en la playa a la que fuimos a vacacionar y me sentía diferente. Quería verme diferente y qué mejor que con un collar de oro. Lo malo es que no encontré algo que me agradara y como Aiden comenzó a ignorarme en ese entonces, pues perdí interés en todo lo que a mi aspecto respectaba. Entro por la puerta y un agradable tintineo suena. Me recibe un señor de edad avanzada que con sus lentes analiza una pieza blanca que tiene en las manos. Grita el nombre de alguien y entonces aparece en escena un hombre de mediana edad. Me pregunta en qué puede ayudarme. —Tengo estos anillos —saco la copia de mi mochila—. Sé que se ven iguales, pero quisiera saber si son reales. Usted como experto debe saber. —Vaya, esto es oro blanco y el diamante es puro —dice mientras lo analiza a simple vista—. Ven, acá tengo la maquinaria. Lo sigo hasta un aparato que parece telescopio o algo así. Está hecho con puros lentes. El hombre se agacha y comienza a ver los anillos a través de su máquina. Suelta algunos sonidos extraños, como de admiración. Casi parece hablar con él mismo, trato de no reírme. —Admito que son muy parecidos —abre un cajón y saca unas pinzas—. Quien lo fabricó, hizo un buen trabajo —escucho un chasquido y entonces el diamante del anillo que manipula sale volando—. Pero, soy un experto y esto no pasa desapercibido. Me muestra el lugar en donde debería estar incrustado el diamante, pero dentro no hay espacio porque hay un objeto n***o tan pequeño que apenas puedo verlo. El joyero lo saca y lo deposita sobre la mesa. Un puntito rojo se prende y se apaga una y otra vez. —Un localizador —dice el joyero orgulloso—. Buen escondite, nadie se daría cuenta. ¿Te lo dio tu prometido? Al parecer es celoso. Ignoro su comentario sarcástico, me quedo estática al ver el maldito localizador. Ahora resulta que Valentina sigue mis movimientos. Me quiere tener controlada. Oh, mierda, si me ha estado vigilando, sabe que fui a El Arco, sabe que estuve en el cementerio, sabe todo. Ayuda, estoy jodida. Le doy las gracias al joyero quien me entrega el anillo armado de nuevo, me entrega la pieza original y me despide. Tomo mi mochila que dejé tirada y salgo corriendo de ahí. Siento como la respiración se me acelera, siento el pulso a todo lo que da. Venga, venga, no puedo caerme ahorita. Debo conservar la calma. Si Valentina me quiere vigilar, que lo haga, yo haré de cuenta que no sé qué traigo un localizador en la mano. De por sí no es como que vaya a tantos lados. Aparte, puedo dejar de usar la joya, devolveré la original a su lugar para que no sospeche nada y todo bien. No sé qué trama, pero estoy segura de que no es nada bueno, una mujer joven no se interesa así sin más en un hombre casi entrado en los cincuenta años. No sé bien cómo sacarle la sopa a esta tipa, pero lo haré. Estoy segura de que Mateo sabe algo, tiene que saber algo. Puedo comentarle mis sospechas, decirle que estoy durmiendo en la misma casa que el enemigo. Genial, no quería verlo, ni hablarle, ni tener que ver con su organización extraña, pero ahora ya no puedo evitarlo. Mi papá corre peligro. Vuelvo a casa y se me ocurre una grandiosa idea. En mi memoria estaba un archivo que decía algo de infiltrados. Eso me servirá. Si hay algún infiltrado en la universidad, en El Arco o en este pueblo jodido, puedo acudir a él en lugar de Mateo. Apenas saludo a mi padre que está trabajando en su computadora. Escucho que Valentina está en el baño y aprovecho para devolver el anillo a su lugar. Bien, espero que nadie haya sospechado. Subo a mi cuarto, prendo la computadora y abro la carpeta de mis archivos en mi USB. Reviso cada uno de los documentos que tengo, reviso cada carpeta, sin embargo, los archivos que vi en la mañana y por la tarde, ya no están. No puede ser, nadie se acercó a mi mochila. La tuve conmigo todo el tiempo. Excepto que en realidad no fue así porque en la joyería me separé por unos veinte minutos para ir a analizar el anillo. Pero nadie entró, la campanita no sonó. No vi a nadie, entonces, ¿cómo alguien entró, tomó mi USB y borró el archivo? La única persona que conozco que podría hacer eso es Mateo y definitivamente no estaba en el centro comercial. ¿Qué acaba de pasar?
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