El día que llegaron a decirle que su madre agonizaba, Laura agregó—Pensé que ya se había muerto esa mujer.
El emisario de tan triste noticia no pudo más que pensar que la joven era una hija de mala entraña,pocas eran las personas en el pueblo de Mundo nuevo que conocían el origen de dichos rencores que no era otro que la adicción s****l que tenía Nadia Martinez.
La moribunda era la madre de Laura,Joaquina y Melany,tres hermosas jóvenes,el padre era un rico hacendado llamado Francisco Castillo el dueño de la hacienda “Amanecer”,un lugar muy próspero.
El nombre de Francisco era muy conocido en los pueblos aledaños y gran parte de la ciudad capital no sólo por ser dueño de grandes hectáreas de tierra y gran cantidad de ganado y animales de corral.
Francisco era un hombre muy apuesto y caballeroso,su fama con las hembras era conocida tenía seis mujeres y todas vivían en la misma casa y se trataban como hermanas, comían y bebían en la misma mesa,a cada mujer le dedicaba un día de la semana,alguien alguna vez bromeó—¡Oye Pancho!,te falta la del domingo.
—¡No mi amigo!,el domingo lo ocupo para ir a misa y recargar energías,no es fácil tener tantas mujeres y complacer a todas.
—¡Ya entiendo!,el único día que te vemos es el domingo para tomar ron y jugar cartas.
Pancho tomó un sorbo de ron y sonrió con los ojos entrecerrados al pensar lo lejos que había llegado en la vida,de ser humilde,parrandero,jugador y mujeriego pasó a ser don Pancho como lo llamaban de cariño.
Este hombre reservado y valiente había llegado de tierras lejanas,se tejían muchos cuentos de su origen,circulaban los rumores de que su fortuna era producto de un pacto diabólico o de que era un político que huía del régimen de la dictadura por ser acérrimo opositor,él era un hombre culto con temas de conversación interesantes y su gran encanto atraía a las mujeres,muchos llegaron a decir que se valía de hechicerías para encantar a la damas.
El hombre,que era reservado sabía muy bien el motivo de su éxito con las damas,en una ocasión una de sus mujeres, la séptima llamada Catalina,pasada de copas en una fiesta del pueblo se atrevió a decir que Francisco estaba bien dotado,lo que desembocó en que varias mujeres se le ofrecieran para comprobar el chisme.
¡Hacendado,guapo y con buen paquete!—Le coqueteaba una joven hermosa.
—Son patrañas de gente habladora,ya sabe usted señorita que borracho no es gente. --Exclamó en esa ocasión.
Ese incidente bastó para que Francisco sacara a Catalina de su corazón y de sus aposentos.Prefirió quedarse con seis mujeres.
La gente cada día en el pueblo inventaba algo nuevo pero la verdad detrás del hacendado era otra.Su vida cambió de forma drástica treinta años atrás,en una noche fria y muy oscura el joven Francisco Castillo corría por el monte muy asustado,la ley lo perseguía con perros feroces; su delito asesinar al marido de Azucena,una joven a la que frecuentaba,el esposo de ella lo capturó infraganti en el lecho de la traición,el hombre lo había desafiado a darse de machetes para limpiar su honor.
Pancho no quería pelear pero el agraviado le consiguió un machete y le insultó —¡cobarde defiéndete!
—No soy un hombre de peleas.---le había dicho.
—No te quiero matar desarmado, vamos a luchar a muerte— le lanzaba machetazos violentos a Francisco,le tiraba a quitarle la cabeza,el joven era muy ágil.Tomó el arma para defenderse e hirió de forma mortal a su oponente en el estómago quien murió de forma instantánea.
Muy asustado huyó al monte y corrió lo más rápido.
¿Qué puedo hacer?—Se preguntó a sí mismo —esto me pasa por pájaro alegre—Exclamó el joven mientras cruzaba el río; donde los perros perdieron su rastro.
Tembloroso se detuvo en plena oscuridad a recuperar el aliento; tenía hambre y sed,camino y llegó a una vieja casita que estaba en medio de la nada,era el único lugar habitado por esos lares.
¿Quién anda allí?—Preguntó una voz masculina— era el dueño de la casa.
—No se asuste; es gente buena, ando buscando un lugar donde trabajar. -- le explicó al dueño de aquella pobre casita .
—Por aquí trabajamos la agricultura; no da para mucho pero en algo remediamos muchacho; yo vivo aquí con mi mujer y mi hijo .
¿Me da agua por favor? —Preguntó Pancho al humilde hombre quien le trajo una totuma con agua fresca. El campesino vio que el viajero tenía hambre y se metió a la cocina,le ofreció un plato con una porción de queso de mano y un trozo de papelón.
El joven forastero le agradeció e inmediatamente sació el hambre ya le roncaban el estómago y veía borroso de no comer,sus pies tambaleaban del cansancio.
El dueño de la casa le dijo quédese aquí en este corredor; cuando amanezca puede continuar,el camino peligroso de noche.
Francisco aceptó y le dio la gracias se tendió en el suelo y al primer canto de gallo se levantó, el hombre y su mujer le ofrecieron café y le dieron un envase con dos trozos de carne asada,media torta de casabe y una botella de agua.
—Tenga muchacho,provisión para el camino, no es mucho, pero aliviará el hambre,suerte y que consiga trabajo.
—Gracias perdonen las molestias causadas.--
Se despidió de la humilde pareja y siguió caminando durante meses anduvo de pueblo en pueblo hasta que llego a “Mundo nuevo” un lugar muy colorido y con mucha actividad agrícola y ganadera, aun así extrañaba su pequeño pueblo,llamado la mesa de los indios; dónde todos se conocían pero no podían volver atrás,la dictadura era estricta con los prisioneros eran encadenados de los pies y llevados a trabajar haciendo carreteras y puentes; las jornadas eran largas y extenuantes; los dejaban en libertad cuando ya se estaban muriendo.
El joven respiró de alivio,aún por las noches tenía pesadillas peleando a machetes con aquel hombre quien lo había desafiado a pelear por el amor de su dama Azucena su amor prohibido y su perdición,despertaba sudoroso y asustado mientras pensaba — tendré que aprender a vivir con mi culpa.
Eso hizo se perdonó así mismo e inició una nueva vida, el comienzo no fue nada fácil, ya que le tocó trabajar en la hacienda de don Santiago un próspero ganadero de la región.
Francisco Castillo quién llegó de peón terminó siendo el caporal de la hacienda “Los Santiagos”,el dueño le tomó aprecio viendo su potencial para el trabajo, ya que era el primero en comenzar a trabajar y el último en marcharse.
Su jefe no tenía familia, la esposa había muerto y su único hijo Santiago se alistó para el servicio militar dónde murió de una picadura de culebra.
Viéndose viejito, el dueño del hato le propuso una sociedad a “Pancho” como cariñosamente lo llamaba; esto le permitió hacerse de tierras y ganados; con el paso del tiempo; don Santiago pasó a mejor vida y le heredó.
Con mucha constancia trabajó para aumentar su capital, esto lo convirtió en el hacendado más adinerado de la región y en el hombre más codiciado de la alta sociedad, tenía varias mujeres, su corazón era muy grande y poseía espacio para amarlas a todas.
El hacendado era atractivo y estaba rodeado de un halo de misterio y seducción que lo hacía un imán para las chicas.
Siempre recordaba el consejo que le dio aquel humilde hombre que le dio de comer y le ofreció alojó en su humilde casa; por ello le tendía la mano al hambriento y necesitado; en su hacienda siempre tendrían refugio; pero sentía que tenía una deuda pendiente con aquel campesino que lo auxilió cuando más lo necesitaba , fue a buscarlo y lo encontró.
—Buenas, ¿ está el dueño de la casa?— Preguntó Pancho.
¡Abuelo te buscan!. Dijo el niño que le abrió la puerta.
¿ Me recuerda?,usted me dio refugio y comida hace varios años ; soy ese joven que tocó su puerta a medianoche.
—Sí me acuerdo
¿ Cómo estás?
—Muy bien; le vine a traer este dinero en agradecimiento.
El campesino lloró de felicidad y agradeció a Francisco que le expresó a esa familia su amistad.
La casa grande de esa hacienda albergaba a las seis mujeres de Francisco quienes adornaban la casa con su belleza y la fueron llenando de niños que corrían y hacían gran bullicio.
—Buen Día, don pancho. Saludaba la muchacha que le servía una taza de café tinto con poca azúcar.
Desayunaban antes de comenzar la faena de trabajo,compartía con sus hermosas mujeres:Teresa,Antonia,Cecilia, María,Nadia y Marcolina quien era la favorita; una trigueña simpática apenas medía un metro cincuenta de estatura; pero de carácter firme; dirigía las cuestiones de la casa,cosa que fue haciendo rencor en Nadia,que para ese entonces ya estaba decidida a dejar a Francisco.Sus hijas ya pronto estarían en edad de merecer.
—Yo no quiero vivir más contigo Francisco.
¿Por qué Nadia?
—Yo merezco tener un hombre para mi sola,que esté disponible las veinticuatro horas del día,los siete días de la semana—Añadió la mujer con su nariz respingada.
¡Mira mujer del diablo!,haz lo que te venga en gana,desde hoy no te tocaré un pelo,pero no te lleves a mis hijas de la hacienda.
—Sí me voy las niñas vienen conmigo.
—Entonces quédate,la casa es grande y no te molestaré aquí nada les faltaba y si te da la gana te puedes traer un marido que te atienda ,yo no voy a intervenir en tu vida.
¡Conste!,me estás dando permiso para hacer de mi vida lo que guste después no quiero lamentaciones.
—Te suelto la rienda con gusto,a la única mujer que yo le ruego es a Marcolina,sin ella está hacienda se viene abajo.
La mujer lo miró con rabia e impotencia y se fue a su habitación desde ese día metía un hombre diferente en su alcoba los fines de semana.Con ninguno estaba contenta.
Francisco invitó a unos amigos a almorzar y le encargó a Marcolina la tarea de atender a las visitas,ella sabía atender a sus invitados y era una dama muy educada de interesante conversación lo que le faltaba en tamaño le sobraba en personalidad; por esta razón Pancho la adoraba, llegó a su vida con tres hijos pequeños: Yuliannis , Andrés y Juan de la Cruz. Su esposo había muerto joven y como las otras mujeres llegó de trabajadora y Pancho la enamoró.Marcolina era la columna de la casa,a pesar de ser la favorita del joven Francisco Castillo,Marcolina no era presumida; al contrario era una mujer sencilla y muy servicial,aunque compartía a su hombre con seis mujeres más eso no la traumatizó ni la amargo, ella supo ganarse su amor, lo consentía y era la única que le preguntaba cómo se sentía de ánimo aunque a veces lo detectaba con sólo mirar a Francisco.El hombre esperaba toda la semana para enredarse entre las sábanas con Marcolina que le daba a probar las mieles del placer,ella era feliz entre sus brazos y siempre el placer entre ambos se multiplicaba.
Ella recostada en su pecho le preguntó—¿No me vas a contar?, ¿por qué esa cara de burro amarrado?
—Nadia y yo, partimos cobija.
¿Cómo así?,en está casa no le falta nada.
—Según ella,quiere un hombre que la atienda todas las noches,le dije que no se marche,puede vivir aquí aunque no sea mi mujer.
—Buena decisión. Laura,Joaquina y Melany,ya empiezan a captar la mirada de los hombres,aquí en la hacienda nadie les faltaría al respeto.
—Lo mismo pensé,a mi no me importa seis pepinos y tres cacahuetes que Nadia haga su vida ,pero a mi hijas ningún baboso las toca.